lunes, 26 de enero de 2015

Chavismo-Oposición: Falsa Contradicción Política y Cultural que amenaza a la Revolución Socialista


De cómo hemos ido entregándole grandes masas del Pueblo al Proyecto imperialista por olvidarnos de la esencia cultural del legado de Chávez

“Chávez, en Venezuela no pueden haber 4 millones de oligarcas…”
Fidel Castro Ruz
2004, luego de una victoria electoral de la Revolución


Desde inicios de la Revolución se ha dividido la política en Venezuela entre patriotas y oligarcas, luego entre revolucionarios y escuálidos (en referencia a lo débil y pequeño) y más recientemente se habla de Chavistas y opositores.

En esta polarización, hasta el gato ha debido tomar partido. Muy pocos se han mantenido al margen de esta polarización. La gran mayoría hemos fijado postura en una Venezuela que sin dudas, ha venido atravesando una revolución política.

Es común escuchar de los opositores que “Chávez dividió a Venezuela” porque antes de Chávez no existía el “odio de clases”. De esta manera superficial resuelven la invisibilización política de la que padecían millones de pobres en la Venezuela Puntofijista, millones de pobres que estaban excluidos de la educación, de los derechos laborales, de la comida, del agua, etc. Para, aún, muchos opositores, sencillamente esa gente no existía, Venezuela era solo el este de Ccs, el norte de Maracay y Valencia y algunos sectores lindos de las grandes urbes del país.

Mientras la Izquierda Venezolana, con desarrollos teóricos muy elaborados, complejos discursos sobre “el papel del trabajo en la transformación del mono en hombre” y sus múltiples fracciones Pro chinas, Pro Soviéticas, Guevaristas y albanesas, que en general no pasaba del 2% de los comicios electorales, llegó Chávez y aglutino el acumulado histórico del Pueblo y logró unificar a las grandes masas de pobres y capas medias en torno a un idea central: Debemos construir una patria soberana, solidaria y justa. Aún en los escenarios de debate nacional no se escuchan argumentaciones de como un militar sin militancia partidista de izquierda, logró en tan pocos años lo que jamás logro la izquierda partidista Venezolana. Algunos incluso, de esta izquierda, nunca reconocieron a Chávez como el líder de la revolución. Sus egos y charreteras guerrilleras le impidieron ver la extraordinaria comunicación que construyó Chávez con el Pueblo, cosa que ellos nunca lograron.

Es necesario resaltar este hecho porque Chávez ha sido el único capaz, en este siglo, de mover a todo un país y conmover a un continente en torno a los sueños más esenciales y legítimos de la existencia humana universal. Es decir, el discurso, el programa, la comunicación llana, directa y honesta, además de una práctica leal con el Pueblo e irreverente con los poderes facticos, configuró lo que se denomina un líder fuerte, expresado en carisma, conocimiento y jerarquía. Por esto fue inderrotable. Por ese conocimiento de la Venezuela profunda y estas cualidades antes mencionadas, los discursos de Chávez en campañas electorales eran “pelas” políticas a los “frijolitos” que se les ocurriera enfrentarlo.
Sin embargo, hubo una trampa en la cual se cayó en los primeros años de Gobierno: La descalificación burlista del contrario sin darle el tratamiento correcto y diferenciado a las “ideas confusas (aquellas en el seno del Pueblo que obedecen a matices y confusiones salvables) de las ideas extrañas de la clase (aquellas que provienen del Programa del capital). Claro, habiendo llegado la revolución Bolivariana al poder por la vía electoral ¿habríamos podido mantenernos en el sin echar mano de la jocosidad típica caribeña que relajó el cuidado que debíamos tener con sectores trabajadores con mayor nivel de enajenación cultural, como por ejemplo, los profesionales?.

Y decimos que fue un error cometido por el líder en los primeros años de la revolución porque cada vez expresaba con mayor conciencia la necesidad de convencer a sectores confundidos por la propaganda burguesa. Incluso fue el propio Chávez quien mandó a inutilizar la lista Tascón en atención a que había muchos firmantes trabajadores que firmaron confundidos, pero que en esencia eran explotados que debíamos ganarnos para el proyecto revolucionario. En una oportunidad en 2007 pude conversar sobre este tema a solas con el comandante Chávez, particularmente sobre las universidades y la necesidad de ganarnos a estos sectores para el desarrollo nacional, y con frustración me dijo “Sergio, he tratado de plantear este tema en el Gabinete y no encuentro eco”. Era el líder lamentando su soledad en esta área.

La afirmación hecha por Fidel Castro en 2004[1] fue poco a poco asimilada por el comandante y esta llega a su reafirmación plena en el discurso más importante que hizo en vida, su balance y testamento programático: El Golpe de Timón. En este discurso dijo “exijo autocrítica PÚBLICA” porque nosotros tomamos el poder “por la vía electoral, por lo tanto debemos convencer en vez de imponer”.  Chávez dejó claro la necesidad de dejar a un lado la soberbia y el sectarismo para poder ganarnos a todos los trabajadores de Venezuela y dejar aislados a los explotadores. Que no era con ofensas y negación de los problemas que íbamos a convencer a los confundidos sino con autocrítica y argumentación fraterna.

Mao en un discurso contra el sectarismo polemizó dentro del PC Chino y decía que en China eran más de 1.200 millones de habitantes y el PC tenía poco más de 6 millones de militantes, y se preguntaba si acaso iban a hacer la revolución solo los comunistas, a lo que se respondía No, necesitamos a los comunistas, a los socialistas y a todos los nacionalistas y patriotas que quieran una china independiente y justa. Y en un texto extraordinario denominado El Tratamiento Correcto de las Contradicciones en el Seno del Pueblo afirmaba que no era lo mismo la contradicción con el explotador que defiende ideas extrañas (ajenas) a las ideas de la clase trabajadora que la contradicción a lo interno de una comunidad entre vecinos con ideas confusas pero pertenecientes a la misma clase. Estas dos referencias de Mao nos aportan muchísimo a la realidad Venezolana. Chávez las comprendió muy bien y en varias ocasiones las citó públicamente. En otras palabras, no podemos tratar la contradicción con un opositor asalariado como la trataríamos con Cisneros, Mendoza o María Corina M.

A pesar de toda la corrección que hizo el comandante Chávez en vida sobre este problema y de tantos llamados a mostrar lo que hacemos, a hacer autocrítica pública, a generar espacios democráticos para corregirnos, es decir, a convencer a TODA la Venezuela trabajadora sobre la legitimidad y justeza de la revolución, este comportamiento sectario se sembró en lo mas profundo de muchos líderes (locales, regionales y nacionales) del chavismo y derivó a la postre, en la calificación de “escuálido” a toda persona que contrariara sus instrucciones.

Eleazar Díaz Rangel en su columna del 22/02/09, señala una afirmación alarmante ya para este momento: "Significativa la cantidad de votos del No en sectores populares, de más bajos ingresos (IV-V o segmentos D-E): 3 millones 290 mil 661 que seguramente viven en los barrios pobres". Más recientemente en las elecciones presidenciales del 2013 la diferencia electoral fue aún más pequeña. La tendencia es clara en cada elección: con la excepción de las elección de alcaldes del 2013, muy influenciadas por la Decisión del Presidente Maduro de confrontar la guerra económica y radicalizarse contra los especuladores, la base del chavismo decrece y la oposición aumenta ¿Podemos seguir despachando este evidente problema solo con calificar de “escuálidos” a los que no votaron por Nicolás? ¿Resolvemos el problema invisibilizando a un sector de trabajadores de la sociedad que con razón o no, están molestos y son presas fáciles de los explotadores?

Otra perspectiva del problema podemos obtenerla al recordar que en el 98 Chávez ganó porque decía la verdad; decía que había hambre, que había corrupción, que el Pueblo estaba excluido, que éramos una nación de valientes y dignos herederos de Bolívar y que necesitábamos una revolución para sacarnos del hueco donde nos habían metido los Puntofijistas y los Neoliberales. Mientras los adecos y Copeyanos decían que “Venezuela gozaba de la más perfecta democracia latinoamericana y que todo estaba bien”. El Pueblo comparó y dijo “el discurso de Chávez se parece más a lo que yo soy y a lo que yo estoy viviendo”. Además Chávez irrumpió con el “Yo asumo toda la responsabilidad” en un país lleno de impunidad donde nadie era responsable salvo el chino de Recadi.

Durante los primeros ocho años la oposición se mostró comunicacionalmente tal y como era: racista, pitiyanqui y fascista. Su comunicación se basaba en “el Castro comunismo”, “el zambo de Miraflores”, “la verruga de Chávez” y demás expresiones reaccionarias. Prácticamente dejaron solo en el campo de lucha al chavismo con las misiones y la propuesta de distribución social de la renta petrolera. Pero a partir del 2006 cambiaron sus discursos; comenzaron a hablar de la gestión en términos de eficiencia y eficacia. Incluso muchos líderes opositores comenzaron a “reconocer” a las misiones pero a criticar las cosas que molestaban al Pueblo (la corrupción, el burocratismo, la ineficiencia, etc). A partir de este momento el chavismo comenzó a decrecer electoralmente y la oposición a elevarse permanentemente.

Ahora en VTV vemos que estamos bien y todo va sobre ruedas y en canales como Venevisión (que tristemente es el canal que hoy goza de más credibilidad según todas las encuestas serias) vemos la denuncia de los problemas cotidianos. Eso me recuerda aquel cuento de que a los adecos les pasó como a los dinosaurios que comenzaron a ver meteoritos y se maravillaron contemplándolos y resulta que por no saber leer bien el cielo y tomar medidas se extinguieron. Debemos hilar más fino en los mensajes que nos está mandando el Pueblo y que el comandante Chávez advirtió como faro en el Golpe de Timón.

Urge profundizar el análisis de los resultados electorales y debatir ese análisis en todas las estructuras del Partido sin temor a debilitarnos. Por el contrario, la autocrítica nos hace fuertes porque nos permite identificar las fallas y corregirlas. Todo sistema que no tenga un subsistema de control tiende al Caos, sostiene como afirmación absoluta la Teoría General de Sistemas. En el caso de una revolución el subsistema de control es el Partido. Por eso nuestro partido revolucionario, además de ser una eficiente maquinaria electoral y propagandística, debe ser el cabildo permanente donde la militancia opine, se forme, construya propuestas y corrija rumbos. Si este espacio de debate no existe tampoco existirá el subsistema de control. No basta por tanto con aspectos economicistas (mi casa bien equipada, computadoras y celulares de Venezuela Productiva, etc) para tener el apoyo del Pueblo. El apoyo irreversible obedece a un desarrollo sustantivo de la conciencia como consecuencia de una revolución Cultural que no va a surgir sino de la transformación de la base material económica (economía en manos del Pueblo) y política (decisiones en manos del Pueblo).

Muchos sectores de trabajadores, incluyendo las capas medias profesionales, con un mayor nivel de enajenación del proyecto cultural imperialista, están molestos por motivos reales o ficticios, pero que evidencia dos cosas: una ausencia de autocrítica que permita reconocer errores frente a estos sectores y/o una incapacidad de comunicar mejor el proyecto Socialista. Ambas cosas nos las señaló insistentemente Chávez y aun no corregimos el rumbo en esta materia. Hay que hacer la salvedad del extraordinario impulso que le dio el Presidente Nicolás Maduro al Congreso del PSUV en dirección de órgano de interpelación del Poder Constituido. Eso lo celebramos pues es la dirección revolucionaria correcta que nos dejó Chávez. Pero amen de este esfuerzo, aun es casi imposible decir “cometimos un error aquí” sin ser calificados de escuálidos.

Si algo debemos hacer es retomar la confrontación política de las ideas fundamentales del socialismo, en términos del Mundo del Trabajo, frente a las ideas fundamentales del Capitalismo, en términos del mundo de la mercancía y de la División Social del Trabajo. Esto es, superar el discurso Chavismo-Oposición y asumir las categorías Explotadores vs. Explotados. Los explotados, y esto incluye a la mayoría de los votantes de la oposición que son asalariados, están de acuerdo con un programa económico que reivindique el trabajo y su retribución justa, con un programa político que reivindique la democracia participativa y con un programa cultural que reivindique el desarrollo de nuestra conciencia y de los valores más elevados de la humanidad. Los explotadores jamás estarán de acuerdo con estos tres aspectos del programa Socialista. En otras palabras, dividir al país entre chavistas y escuálidos desdibuja la lucha de clases y sus programas antagónicos y nos coloca a debatir en el marco de las bajas pasiones. Y es en este escenario, cometiendo nosotros este error, que la oposición puede cabalgar sobre grandes sectores de trabajadores, porque no desnudamos el verdadero carácter irreconciliable de los dos proyectos.

Y aquí entra otro aspecto fundamental, porque no todos los que votaron contra Maduro o que tienen críticas son capitalistas, ni todos los que se rajan las vestiduras por la disciplina y se visten de rojo rojito son socialistas; La polarización Chavistas-Escuálidos también impide ver al capitalista y autoritario que se disfraza de chavista, que tiene un cuadro de Chávez en su oficina pero manipula al Pueblo, torpedea a las comunas y a los Concejos Comunales, decide por el Pueblo, roba, maltrata y ofende a los ciudadanos y pacta con el Capital. Y esto ocurre porque el partido no tiene mecanismos colectivos para evaluar el comportamiento clasista ni la práctica de acuerdo al programa socialista, sino que evaluamos individualmente por los discursos ofensivos y los aplausos que arrea. Hacemos, por tanto, culto a la ofensa y creemos, ingenuamente, que eso define a un revolucionario en vez de definirlo aquel que contribuye constantemente a la unidad consiente de TODO el Pueblo trabajador en torno al programa histórico socialista. Aquí urge un cambio de paradigma que, a mi juicio, se corrige con el centralismo democrático del partido. El Partido, es decir, sus órganos COLECTIVOS, deben controlar la gestión de la burocracia para poder detectar y expulsar a estos capitalistas disfrazados.

Igualmente esta polarización desdibuja nuestros objetivos y el de los burgueses. Apenas nos hemos percatado que ellos se parecen a nosotros en discurso, pero no hemos abierto aún debates de fondo sobre, por ejemplo, la renta petrolera y el manejo Socialista que se debe dar de ella. Tanta confusión hay en esta materia que cuadros revolucionarios hablan de “subsidios” (categoría Neoliberal) en vez de hablar de repartición social de la renta.

Este ejemplo nos introduce en una nueva perspectiva del mismo problema y nos referimos a la crisis de dirección Teórica que estamos atravesando con la partida física del presidente Chávez. Decimos con Lenin que “No puede haber practica revolucionaria sin Teoría Revolucionaria”. Pero no nos referimos a los postulados dogmáticos del marxismo congelado del manual de Economía Política de la URSS, nos referimos a la construcción colectiva, en todos los rincones del país y especialmente del partido, de teoría socialista aplicada a la Realidad Venezolana actual, enriquecida por toda la experiencia mundial socialista.

La revolución NO puede estar reñida con la teoría. Si alguna Ley, que compartimos con el Ché, existe en el Socialismo, es la Ley de la Planificación, y esta obedece a una teoría aplicada a nuestra realidad histórica como país rentista dependiente y sus consecuencias económicas, políticas y culturales. Igualmente, la Revolución no puede estar reñida con la ciencia. Simón Rodríguez dijo “Inventamos o Erramos”, jamás dijo “Improvisamos o erramos”. Necesitamos incorporar a la ciencia para aumentar la eficiencia del socialismo frente al Capitalismo. Claro, la ciencia no es neutral, por lo tanto siempre debe pasar por el tamiz del debate político y programático que siempre debe orientar las metas estratégicas.

Tenemos extraordinarias condiciones para reorganizar las fuerzas y afinar el rumbo estratégico, corrigiendo las desviaciones (normales en toda revolución) que hemos tenido del mismo. Nuestro Pueblo aún tiene esperanzas en el socialismo y sus líderes. Pero lograr esto exige poner en primer plano el problema cultural desde una perspectiva Clasista, es decir, la simbología, la comunicación, la ciencia, los métodos y prácticas democráticas. Exige poner al descubierto el verdadero antagonismo de la sociedad capitalista y superar las bajas pasiones. NO tenemos otra alternativa. Unamos fuerza para iniciar este extraordinario debate en el seno del Pueblo, solo así liberaremos las fuerzas creativas del Pueblo, creyendo en él.

Sergio Sánchez


[1] Comentario con el que comienza este documento, debajo del Título.

martes, 19 de agosto de 2014

Venezuela: De cómo esperando el ajuste, nos ajustaron…

Simón Andrés Zúñiga*

El gobierno venezolano se enfrenta a un gran dilema en su política económica: debe completar, cuanto antes, el ensayo de liberalización que se consolidó a principios de 2014, donde se impuso una concepción cualitativamente diferente a la asomada en el discurso del presidente Nicolás Maduro en la Asamblea Nacional, cuando se le otorgaron los poderes habilitantes (08/10/2014). 

Un enfoque económico muy distanciado de la visión que, aparentemente, subyacía  cuando un mes después,  se procedió a la toma de la tienda de electrodomésticos DAKA. Discurso y acción previos a las elecciones de gobernadores y alcaldes de diciembre.

Lo que predominó después de estas proclamas, ha sido una orientación que se inclina por medidas de flexibilización, más coherente con los programas de ajustes macroeconómicos ensayados en América Latina. Esta visión más convencional de política económica, recomendada por asesores oportunistas, cohabita contradictoriamente con orientaciones e instituciones heredadas del legado de la era de Chávez.  Esa situación híbrida en la política económica, generó y genera una contradicción insostenible, que instala un estado de confusión y desconcierto en la población trabajadora, que al mismo tiempo que escucha discursos cargados de mensajes antimperialistas, antineoliberales y prosocialistas, experimenta un despojo de sus ingresos por parte de los capitalistas a través del aumento de precios. Mientras la escasez de productos básicos persiste.

En estos meses de 2014 destacan las siguientes medidas:

1)      Desmontaje parcial del control de cambio. A mediados de 2013, se inició el desmontaje de un esquema institucional de política económica que se implantó desde el año 2003. Esto es, el desmantelamiento de la Comisión de Administración de Divisas (CADIVI) y su sustitución por tres mecanismos que, a su vez, significan la existencia de tres tipos de cambio oficiales: el de CENCOEX, el del SICAD I y el del SICAD II. Se puede interpretar que este complicado sistema, es una etapa de transición para aplicar la unificación cambiaria con un tipo de cambio promedio que legitimara el precio especulativo del dólar en el mercado paralelo.

Al aplicar tres tipos de cambios y no resolver el flujo de divisas suficientes al Banco Central, se ofrecían tres opciones que no tenían suficiente reservas de divisas para reducir la brecha entre los tipos de cambio oficiales y el paralelo. Con un tipo de cambio alto se beneficia PDVSA, la banca (pública y privada), los sectores comerciales y, aparentemente, el Gobierno al contar con más bolívares por cada dólar. Los que sí salen perjudicados con la devaluación son los que tienen un ingreso fijo, los trabajadores. En anteriores artículos se advertía que: la existencia de un esquema cambiario con tipos de cambios diferenciales, manteniendo las reservas internacionales operativas a niveles críticos, iba a llevar a una victoria del precio especulativo del mercado paralelo. Esto se pudo evitar, pero no se hizo porque convenía un tipo de cambio que beneficiara democráticamente  a exportadores, especuladores y al fisco.

2)      La eutanasia de CADIVI, ha venido acompañada, desde el año pasado, de pronunciamientos y acciones por demás bipolares. Por un lado, se anuncia que se mantendrá la potestad del Estado en la administración de las divisas y por el otro los decisores que controlan el sistema financiero público aprueban medidas que promueven claramente la dolarización y la legalización de la fuga de capitales, como la apertura de cuentas bancarias en dólares, la apertura de cuentas en dólares para importar vehículos directamente y el anuncio que las comunas accedieran a los dólares.  Por un lado, se critica el consumismo importador, el cadivismo, el raspa-cupo y por otro se promueve al dólar como unidad de cambio, unidad de cuenta y reserva de valor. Resulta particularmente extraño que un bolivariano diga ¡Viva Washington muera Bolívar!

3)    En la continuidad de la estrategia de concertación con los capitalistas locales destaca la negociación de los 12 puntos del paquete económico propuesto por uno de los principales representante político-ideológico de la burguesía nacional, Lorenzo Mendoza. Entre estas exigencias, resalta el ajuste y flexibilización de los precios de algunos rubros (especialmente aquellos que escaseaban) y el reconocimiento de las solicitudes de divisas acumuladas. Esta última exigencia de los capitalistas logró posicionarse como una trampa ideológica al calificar la masiva exportación ilegítima de divisas  como una “deuda” en dólares, que el gobierno tenía con el sector privado, especialmente con las trasnacionales.

4)      La flexibilización de precios no sólo ha sido en bienes que son fundamentales para el patrón de consumo venezolano (harina pan, por ejemplo) sino en servicios básicos como la electricidad, el agua y la comunicación telefónica. Estos, desde el punto de vista de los ajustes tradicionales del FMI-BM,  suelen ser exigencias de los condicionamientos.

5)      La búsqueda de financiamiento en los “mercados” internacionales, expresada en intentos de negociar variados mecanismos ofrecidos por la banca de inversión internacional, representantes principales del capital financiero especulativo como Goldman Sachs, Bank of America, CityBank, Credit Suisse. Contando con la asesoría de expertos en estas negociaciones, como lo es la corporación francesa-estadounidense Lazard y con el FMI. Esta búsqueda de financiamiento, lleva a los responsables de la política económica a una estrategia de presentaciones para convencer al capital financiero transnacional sobre la capacidad y la voluntad de pago de la deuda externa que se va a contraer. Con ello, los negociadores gubernamentales mandan el mensaje que, ante todo, se “portarán bien”, que Venezuela “es buen pagador”, que tiene suficientes recursos para pagar la deuda. A esta estrategia se le puede llamar “el camino argentino”, ya que fue la estrategia que llevó a cabo en los últimos años el gobierno kirchnerista.

6)      El anuncio de importantes acuerdos de financiamientos través de inversión directa, crédito comercial o endeudamiento externo con diversos grupos corporativos vinculados con el capital energético internacional: El ministro Rafael Ramírez anunció acuerdos que implica un financiamiento de 2.000 millones de dólares con  Schlumberger, Halliburton y Weatherfird, para explorar y explotar petróleo.

7)      Extensión del financiamiento con la República Popular de China.

8)      Un esfuerzo por centralizar los diferentes fondos en dólares y en bolívares que maneja el sector público. Esta medida fue evadida durante todo el año 2013, y su aplicación oportuna –entre otras cosas- pudo haber evitado el ajuste recesivo y la  macrodevaluación.

9)      Un esfuerzo por mantener el gasto social que financia la variedad de programas sociales heredadas de la era del presidente Chávez. Y a pesar de la reconocida restricción fiscal, destacan los anuncios de nuevas misiones (las de la era de Maduro), lo cual incrementa la necesidad de conseguir recursos financieros para arrancar y mantener estos programas sociales.

No queda duda que, a comienzos de agosto, se han logrado posicionar con cierto éxito, en el sentido común, las siguientes ideas:

a)      “El control de cambio es unos de los mecanismos que pueden ubicarse como responsable de la crisis económica”. Esta afirmación reduccionista, está acompañada de la manipulación conceptual que relaciona control de cambio con tasa de cambio fija. La pésima administración del control de cambio, se utiliza como excusa para invalidar el instrumento de política económica.

Los economistas Mark Weisbrot como Víctor Álvarez cometen esta omisión que les resulta conveniente para vender sus propuestas de “flotación” cambiaria. Recientemente,  el mismo presidente Maduro, ha reconocido el rol que jugó el control de cambio en los años donde el proceso bolivariano demostró que se podía crecer con una inflación tolerable (2004-2012). Sin embargo, nadie quiere defender a CADIVI porque lo vinculan, además de “lo que se venía haciendo mal”, con la ineficiencia y la corrupción.

Lo cual es cierto, pero si se aplica este criterio a todas las instituciones públicas y, especialmente, privadas, se tendría que desmantelar a todo el Estado y estatizar a la banca. La utilización  del término “cadivismo” resultó arma de doble filo para la garganta de un gobierno que se debate entre los consejos malsanos de economistas que promueven la “liberalización” de la tasa de cambio, y, por otro lado, la necesidad de controlar la distribución de la renta petrolera a través de la administración de las divisas.

b)      “Hay que tener un tipo de cambio unificado y competitivo”. Y que el marco de fijación del tipo de cambio, adopte esquemas que delegan la potestad que tiene el Estado de controlar la distribución de divisas al juego del “mercado”. Por eso se habla de flexibilización del mercado cambiario.

c)      “Hay que aumentar la gasolina”. Se reintroduce un tema espinoso, bajo la argumentación confesional de que “es más barato una botella de agua que el litro de gasolina”; que “se está subsidiando a una parte de la población” que es consumista y derrochadora; en resumen, queda fijada en el sentido común que se aumenta la gasolina porque es un subsidio…Eso lleva a algunos, de los pocos, economistas del PSUV a afirmar que “la gasolina en Venezuela no se vende, sino que se regala”. Casi están a punto de convertir el aumento en un acto de contrición, donde una parte de la población debe darse golpes de pecho (“por mi culpa, por mi culpa, por mi gravísima culpa”).

El aumento de la gasolina, bajo la excusa que sea, es un escape antiguo para lograr flujo de caja y tapar el déficit en bolívares de PDVSA. Pocos recordarán, cómo en la época neoliberal, uno de los discípulos del ministro Miguel Rodríguez Fandeo, el ingeniero Roberto Smith Perera, siendo Ministro de Transporte y Comunicaciones (1990-1992) hizo una defensa del aumento de la gasolina (basado en un estudio técnico del IESA) prometiendo que los recursos obtenidos “servirían para financiar la vialidad agrícola”. Pocos se acordarán que el ajuste de la gasolina formó parte de los programas del FMI durante los segundos mandatos de Carlos Andrés Pérez y de Rafael Caldera…Muchos se acordarán del sacudón del 27 de febrero de 1989.

El problema no es la discusión en sí del aumento de la gasolina sino que, como ocurre con el precio del dólar, el precio de la gasolina se convierte en un fetiche, en un pote de humo que oculta la discusión sustancial. Algunos economistas liberales, como Felipe Pérez,  devenido en asesor principal  del equipo económico y del Banco Central de Venezuela, señalan que el aumento de la gasolina es un subsidio que beneficia a los ricos, pero se tapan un ojo ante otros subsidios masivos que se les da a los capitalistas a través de mecanismos fiscales. Esos economistas liberales que se venden con un lenguaje radical, tienen un límite y es que defienden los intereses de los capitalistas, nacionales e internacionales. Serán los responsables ocultos (teóricos) del proceso de depauperación que están viviendo los trabajadores

d)       “Los subsidios son malos”. El masaje ideológico ha sido exitoso en imponer que el subsidio a la gasolina y a otros bienes y servicios con precios administrados por el gobierno, refleja un estado asistencialista, protector, compensador. En el campo ideológico-conceptual, se está haciendo una reinterpretación de las misiones y de la política social de Chávez, donde se pretende identificar su legado en política social con las concepciones de la  Cuarta República. Esto es, en la práctica, una manipulación no sólo falsa sino perversa. Esto lo vienen haciendo ciertos opinadores, en escritos donde se identifica la política social de Chávez con la visión asistencialista-protectora (propia del desarrollismo adeco) o compensatoria (propia de la época neoliberal).

Basta con leer un reciente artículo del economista Víctor Álvarez como ejemplo de esta temeraria afirmación, que se convierte en manipulación ideológica, cuando sugiere que la política social de Chávez fue, al mismo tiempo, compensatoria y asistencialista. Con esta reinterpretación reduccionista se satisfacen los deseos de la derecha de banalizar/ridiculizar la estrategia económica de Chávez. Toda esta discusión no necesita de los escritos híbridos de economistas socialistas liberales o de los neoliberales del CEDICE, le ahorrarían tiempo a los interesados si estos autores recomiendan los escritos sobre políticas sociales elaborados por el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, del PNUD e incluso los de la CEPAL.

En todo caso, la ideología anti-subsidio que se impone, ayuda de gran manera a las tradicionales exigencias de los condicionamientos impuestos por los organismos financieros internacionales. Todo financiamiento externo (endeudamiento externo) va acompañado de condicionalidades, una de ellas, predilecta del FMI, el BID y el BM es la eliminación de los subsidios.

e)      “El gobierno de Chávez llevó a cabo una política de protección de los pobres”. Los discursos y declaraciones del Ministro Ramírez reflejan  la incidencia de esta interpretación ideológica, cuando señala que durante Chávez se construyó “un sistema protección social” para el pueblo. Sustituyendo el concepto “distribución popular de la renta”, utilizado frecuentemente en los discursos de PDVSA , por el de “protección social”, el cual está cargado de un sesgo ideológico paternalista.

f)       “Hay que lograr los equilibrios”. Los asesores económicos gubernamentales lograron un éxito contundente al posicionar la palabra “equilibrio”, solo les faltó agregarle el calificativo que suele acompañar esta palabra: macroeconómico. El logro de los equilibrios macroeconómicos ha sido una  de las ideas fuerzas del discurso  de los neoliberales. Alguien tiene que advertir al alto gobierno acerca de la función teórica e ideológica de la palabra “equilibrio”, y que la utilización de este lenguaje es incoherente con una política económica de cambio estructural. El Ministro Ramírez afirmó en una entrevista con José Vicente Rangel que se ha rodeado de “lo mejor del pensamiento económico”, tal vez no se ha dado cuenta del contrabando ideológico que le están metiendo por debajo de la mesa.

Todos estos ajustes ideológicos forman parte de un gran viraje, y han ido a la par con un ajuste real en los ingresos de los trabajadores.  Borran la historia y causan desorientación cuando confunden la izquierda con derecha. Tienden a acompañar el proceso de reversión de la orientación filosófica de la revolución bolivariana.

Se debe reconocer que, la visión estratégica de la transición al socialismo que predominó en los últimos años, no pudo concretar una estrategia económica sólida. La debilidad doctrinaria (en el gobierno, en el PSUV y en el proceso político general)  en lo que respecta transición económica al socialismo, se encontró en un entorno desfavorable donde destacan dos factores: 1) el escandaloso proceso de acumulación originaria basada en la corrupción, liderizado por castas posicionadas en la trama del poder;  y, 2) la gran ineficiencia de algunos de los que han tenido y tienen cargos claves en la asignación de recursos. Ambos factores junto a la poca presencia de cuadros revolucionarios honestos y profesionales, abrieron un portal por donde entró la quinta columna ideológica y los consejos económicos venidos de asesores locales y foráneos que infectaron a la revolución.

La política económica tiende a convertirse en los zapatos que alejan al proceso político venezolano del “punto de no retorno”.

*Economista venezolano.

 

jueves, 24 de julio de 2014

La Encrucijada Estratégica de la Revolución



Una aproximación a las contradicciones fundamentales del Proceso que se nos enciman y su tratamiento

Escrito y publicado el Jueves, 10/01/2013

Debemos arrancar por aclarar que este breve análisis se hace desde las filas de la Revolución Bolivariana y con la más sincera intención de aportar para la profundización del Proceso revolucionario liderado por el Presidente Hugo Chávez.


Aclarada la legitimidad de estas letras, debemos indicar que sólo señalaremos algunas características sintomáticas de serias contradicciones internas del Proceso que nos colocan en una encrucijada de carácter estratégico.

1. Aumento de la Contradicción Estado – Poder Popular

Hasta hace relativamente pocos años, era socialmente aceptado el ejercicio del poder representativo en todas sus dimensiones y escalas. Si bien existía un reclamo popular, este se concentraba en la eficiencia y transparencia de la gestión. A raíz del propio desarrollo de la Revolución Bolivariana, de la polarización nacional y del empuje que ha puesto el Presidente Chávez y otros actores políticos revolucionarios a nivel nacional, la democracia participativa y protagónica se ha ido posicionando en la conciencia colectiva de las masas, rompiendo con el gran consenso que había logrado la democracia burguesa en el Pueblo.

Existen claras señales de lo antes afirmado: la creación he incremento de los Consejos Comunales y nacientes comunas, el nacimiento masivo del Polo Patriótico como alternativa de democracia de las bases revolucionarias frente a los partidos centralistas y burocráticos, la crítica generalizada al burocratismo que usurpa las decisiones del Pueblo (con desarrollos desiguales de la misma), la creciente crítica generalizada a los poderes locales (especialmente alcaldes y gobernadores) que no son otra cosa que un cuestionamiento a las decisiones tomadas desde arriba, entre otras.

Se ha sostenido e insistido por 14 años en pensar que superaremos el viejo estado capitalista y crearemos el nuevo estado que hemos denominado Poder Popular, a través de la transferencia de competencias voluntaria de los administradores del viejo estado (Gobernadores, alcaldes, directores, concejales, Gerentes de empresa del estados, etc) a los nuevos gestores del naciente poder Popular, y cabe preguntar ¿En qué lugar del país esto se ha puesto en práctica?, ¿En qué alcaldía (por citar un ejemplo) su presupuesto es construido en su totalidad por el Poder Popular y no por los administradores de dicha alcaldía?

Más aun, el partido, que es quien debe mediar en la contradicción Viejo Estado vs. Poder Popular, a favor de este último, está conformado, en buena medida, por funcionarios “cooptados” por actores claves del viejo estado. Pues ocurrió algo obvio, el partido terminó “cooptado” por el viejo estado, su concepción y principio de preservación y está inclinando la balanza en esta contradicción a favor del Estado que debemos superar. He aquí la fuente de la desconexión Partido – Masas y del Propio nacimiento del Polo Patriótico.

2. La Ausencia de Controles Democráticos

Una característica clave de este proceso es la falta de controles políticos, económicos y culturales a todos los niveles, pero muy especialmente, en la medida que nos alejamos del entorno presidencial, verbigracia alcaldías, Gobernaciones, direcciones de institutos,  Direcciones Municipales del Partido.

No nos estamos refiriendo a los controles que tiene el estado y que debe seguir mejorando. Nos referimos a los controles políticos, económicos y culturales del proceso. Para ser más específicos ¿Quién controla que un alcalde o Gobernador este construyendo la política de recuperación de espacio público de su municipio o estado con el Poder Popular en vez de otorgar concesiones a los privados para la explotación de un servicio o de un espacio de interés público? Bien podría la Contraloría General de la República determinar que los recursos se manejaron transparentemente y avalar la gestión, pero política, económica y culturalmente sería contraria a los postulados de la Revolución Bolivariana. Nuevamente ¿Quién detecta e interviene para corregir esto actualmente? ¿Son las direcciones regionales y municipales del PSUV designadas por los Gobernadores y Alcaldes, casi todos funcionarios subordinados a estos, las que criticarán y se corregirán a sí mismos y a sus jefes?

La Teoría General de Sistemas, desarrollada en los primeros decenios del siglo pasado, y que vino a transformar la concepción de los métodos científicos con profundas repercusiones en los diferentes campos de las ciencias puras, aplicadas y sociales, tiene como uno de sus principales axiomas incontrovertidos que todo sistema que no tenga un subsistema de control tiende al caos. Esto ocurre porque en todos los sistemas (y la Revolución Bolivariana como un gran sistema complejo) se producen desviaciones (ejemplos: la corrupción, la prepotencia y autoritarismo de líderes del proceso, la ineficiencia, el burocratismo, el consumismo, el machismo, etc), y estas desviaciones tienden a agrandarse si no intervienen agentes internos del sistema para regularlos, o lo que es lo mismo, para controlarlos. Si se permite que estas desviaciones se desarrollen sin control (impunemente), las mismas continuarán incrementándose hasta que caoticen toda la revolución y la hagan ingobernable. Y este caos no se controlará con la aparente disciplina silenciosa que puedan guardar las fuerzas desviadas y las fuerzas que las confrontan, cuando los mandos invoquen unidad. El presidente Chávez ha logrado sobrellevar estas contradicciones con su control limitado del estado (porque no puede estar en todos los rincones del país controlando todo) y con su liderazgo fuerte en las masas. Y a pesar de eso, el primer llamado que hace el Presidente Chávez, el único líder fuerte de la Revolución, luego del triunfo del 7 de octubre, es a la “autocrítica pública”.

Las desviaciones, en sistemas sociales, son inevitables, y más si se pretende construir una nueva sociedad. Decir que nuestro proceso adolece de desviaciones en todas sus infinitas partes es ignorar la realidad, ser arrogantes, suprimir la crítica y autocrítica y en última instancia, permitir que la revolución tienda al caos. Toda desviación tiende a aumentar sino se controla.

Los controles en sistemas muy básicos son bastantes simples. Pero en la Revolución Bolivariana y más aún en la sociedad venezolana con intención de transformación socialista, la cantidad de posibles desviaciones son infinitas, están en cada rincón del país, en cada institución, en cada instancia del partido, en cada escuela y proceso educativo en general, en cada militante del partido. No toda desviación es mala, aclaramos. Las desviaciones nos pueden permitir romper con un orden prestablecido. Por ejemplo, las insurrecciones del 89 y del 92 fueron desviaciones del sistema impuesto por el Pacto de Punto Fijo, que a pesar de haber sido controladas en su momento, cambiaron las características cualitativas de la sociedad, introduciendo nuevos actores y fuerzas. Este tipo de desviaciones que nos permiten transformar y adaptar el sistema a nuevas realidades son deseables.

Pero hay desviaciones que retrogradan el sistema. Sobre todo, cuando se está construyendo un nuevo sistema, hay desviaciones que contradicen los objetivos centrales del mismo. Por ejemplo, la Revolución Bolivariana tiene como banderas centrales la democracia participativa y protagónica en la nueva sociedad pero son pocas las alcaldías y Gobernaciones en donde es el Pueblo quien define el Presupuesto (que es un elemento Central del Poder), a pesar de ser una instrucción del Plan Nacional Simón Bolívar y mandato del líder fundamental del Proceso: Darle poder al Pueblo.

Otro ejemplo, la nueva sociedad en construcción debe extirpar la corrupción sin embargo existe en muchas instancias de la Sociedad (obsérvese que hablamos de Sociedad y no nos limitamos al Gobierno). Un Subsistema de Control de este sistema que llamamos sociedad venezolana en transición socialista, debería identificar donde y cuando se está evitando darle el Poder al Pueblo o donde se manifiesta la corrupción, y ejercer acciones que corrijan estas desviaciones no deseadas. ¿Qué ocurre sino se corrigen estas desviaciones?, aumentarán irreductiblemente.

Luego, debemos preguntarnos ¿a quien o quienes les corresponde identificar y encaminar la corrección de la desviación? ¿A una persona en particular?, ¿A quien comete la falla? No. Las desviaciones en una revolución socialista, a nuestro entender (y aquí nos vamos a los clásicos del marxismo) les corresponde corregirlas al Pueblo, o mejor dicho, al Pueblo trabajador y organizado, o mejor dicho, a su vanguardia organizada, ya que no es sostenible en el tiempo la construcción de una sociedad nueva que soporte sus controles sobre la espontaneidad de las masas desorganizadas. En otras palabras y conscientes de que es una idea polémica, el control del buen rumbo de una revolución socialista y democrática, como la nuestra, le corresponde al partido revolucionario, entendido este como la organización de las y los trabajadores mas conscientes, disciplinados, entregados a la causa, militantes y ejemplares que tiene el movimiento revolucionario, la organización vitrina de la nueva sociedad.

Sin este partido descrito anteriormente a muy grandes rasgos, y q aún no lo tenemos, es imposible desarrollar controles, mas allá de los que humanamente pueda realizar el Presidente Chávez, su entorno más cercano, funcionarios de buena voluntad y el Pueblo aislado en sus localidades particulares. Y sin este subsistema de control que solo es estable, repetimos, en la vanguardia organizada de la revolución, las desviaciones seguirán aumentando y la Revolución, tal y como sostiene la Teoría General de Sistema, tenderá al caos.

3. La Dependencia del Proceso a un ser humano. Ausencia de dirección Colectiva

Una de las fortalezas más grandes que tiene esta revolución es que cuenta con un líder visionario, honesto, persistente, inteligente y que se comunica muy bien con el pueblo. A su vez, esta conexión líder masa genera una responsabilidad gigantesca sobre el líder que lo lleva a tratar de “meter la lupa” y “apretar las tuercas” personalmente en todos los espacios y todos los niveles de la Revolución. Es decir, no solamente Chávez es el estadista que dirige la Revolución Bolivariana y fomenta la continental, sino que es también quien sanciona a un alcalde corrupto, a un director de una empresa autoritario, a un viceministro ineficiente, a un dirigente regional desviado, etc. Sintetizado magistralmente en la frase de Fidel Castro “Chávez no puede ser el amo de llaves de Venezuela”. Esta reflexión de Fidel es clave para comprender el nivel de presión que está soportando sólo el líder principal, y a su vez, la cantidad de procesos que avanzan sólo una vez corregidos por el Presidente. No se necesita ser muy inteligentes para comprender varias cosas:

· La enfermedad del Presidente tiene que ver, entre otras cosas, con el nivel de estrés y falta de descanso del líder principal.

· El único líder que es reconocido por todas las fuerzas internas de la Revolución es Chávez, por tanto, el único que nos unifica. Cabe la pregunta ¿Quién unificaría al Pueblo si no está el Presidente?

· Existe un nivel de Centralidad que retrasa procesos, ya que un ser humano no puede tener tantas tareas y resolverlas todas eficiente y oportunamente a la vez.

· No existe una dirección colectiva que corrija y complemente al Presidente (que al fin y al cabo es un ser humano que como todos, necesita ayuda), que corrija la revolución, que regule colectivamente las pasiones que en momentos ocurren en el proceso bolivariano o los retrasos conservadores que la frenan, que confronte diferentes enfoques.

Toda esta situación antes planteada de máxima dependencia del Proceso al líder genera una alta vulnerabilidad ya que dirige todos los ataques contra la revolución hacia él.

Cualquier amenaza de fuerzas naturales, políticas o militares, que pueda sacar al Presidente Chávez de la dirección de la revolución se convierte en un escenario de extrema complejidad. Esto lo sabe el imperialismo y es por eso que enfoca todo contra el presidente, desde los brujos, pasando por los satélites, hasta llegar a los medios de comunicación. Desdibuja al Pueblo en su lucha y sintetiza todos sus males en Chávez. Y desde las filas revolucionarias reforzamos este escenario con consignas como “Con Chávez todo sin Chávez nada”, cuando debería ser “Con el Pueblo todo sin el Pueblo nada”.

Ante el anuncio del Presidente de la reaparición de la enfermedad y su posible sucesión a cargo de Nicolás Maduro, la unidad revolucionaria pasa a ser un asunto central en la política revolucionaria. Sin duda debemos apoyar decididamente a Nicolás Maduro a la Presidencia de la República si el Presidente Chávez no puede seguir asumiéndola. Vacilar es permitir el ascenso al poder dela derecha neoliberal. Sin embargo, las contradicciones internas del chavismo, que el Presidente Chávez maneja internamente (no con poca dificultad), gracias al líder fuerte que es, muy probablemente agudizarán sino se generan espacios democráticos como iguales para el debate, la crítica, autocrítica, corrección y construcción de consensos programáticos entre las vanguardias y en el seno del Pueblo, a escala nacional, regional, municipal, local y sectorial, que actualmente no existen.

4. La Reproducción Metabólica de la Cultura del Capital y el Efecto de la Renta en la cultura.

Asociada a esta ausencia de controles tenemos una gran amenaza, a saber, la cultura capitalista y rentista que se reproduce, a decir de Mészáros[1], metabólicamente en la sociedad, fomentando las desviaciones no deseadas que retrogradan a la organización social que queremos superar. La vieja sociedad y la cultura capitalista que se reproduce en todos los rincones, se materializan en ideas, practicas, concepciones antagónicas a la nueva sociedad socialista. Como diría Spinoza “Todo cuanto existe desea persistir en su ser”[2]. La cultura capitalista se reproduce en el consumismo derivado de la renta petrolera, en la educación universitaria repetitiva y de falsa conciencia, en el comercio innecesario y efímero, en los grandes Centro Comerciales-templos del consumo, en las novelas de las bajas pasiones, en el reggaetón (en la música desnacionalizadora y transculturizadora), y, escúchese bien, en las políticas de estado que fomentan el mundo del consumo en nombre del “Proyecto de Inclusión”, entre otros.

El Socialismo es el mundo del Trabajo, es decir, la sociedad donde se reconoce al trabajo como la fuente sustantiva de la riqueza. Por tanto, la sociedad que reivindica el trabajo como la forma digna y justa para hacernos de todas las cosas tangibles e intangibles que requerimos para desarrollar la vida. Siendo así, en esta sociedad del trabajo, no debería existir ningún sector social que perciba recursos sin trabajar. Igualmente, la retribución percibida debe ser proporcional al trabajo realizado y aportado a la sociedad, bajo el principio marxista socialista “de cada cual según su capacidad y a cada quien según su trabajo”.

Frente a este mundo del trabajo, está el mundo del consumo, el mundo de la mercancía. Aquel donde el centro de gravedad de la existencia humana radica en poder consumir cada vez más, tanto lo que necesitamos, como lo que no necesitamos pero creemos que sí. Es el mundo donde la mercancía toma formas humanas y el ser humano forma de objetos.

La Revolución Bolivariana se ha encargado de distribuir más democráticamente la renta petrolera. Este torrente de dinero vertido en la sociedad, sumado al bombardeo cultural proveniente de los grandes productores de cultura transnacionales, ha aumentado la capacidad de compra y el interés de los venezolanos, y a su vez le han dado “poder” para comprar, no solamente las cosas necesarias para vivir, sino también, las cosas que elevan su estatus social pues son “indicadoras directas” de este ascenso. Celulares, carros, ropa, equipos de sonidos, televisores, etc, son las metas reincidentes de esta carrera loca y frenética en que ha derivado este incremento y redistribución de la renta petrolera.

Incluso, en el fenómeno de la delincuencia se genera un indicador nuevo: El robo de teléfonos Blackberrys. Cabría la pregunta ¿Qué efecto ha causado este consumismo disparado en la delincuencia? ¿Es que el robo de hoy sigue siendo un robo por hambre, considerando los exitosos e innumerables planes sociales que ha creado el Gobierno, o es un robo fomentado por el consumismo?

Lo cierto es que este consumismo enajena al ser humano, lo convierte en “cosa”, que vale tanto como objetos posea, y a su vez, le da características vivas, espirituales, gloriosa a las cosas. Hay un lema de la cultura china que sintetiza muy bien lo antes planteado y sostiene que “quien más tiene más quiere y quien más quiere menos es”.

La Revolución Bolivariana debe reproducir la cultura del trabajo, no la cultura del consumo. Por la vía del consumismo, el Pueblo se introduce en una lógica cultural de no dar sino se recibe algo a cambio. Y esto es precisamente lo que uno observa cuando en refugios de damnificados de Caracas se protestaba en diciembre 2010 porque en navidad el gobierno había obsequiado juguetes a los niños en vez de televisores pantalla plana. Reclamaban un regalo “digno”.

Esta cultura del consumismo es un riesgo muy grande para la revolución porque se encarga de regenerar los pensamientos y sentimientos más básicos y retrasados del capitalismo, formando en mayor medida conciencia pequeño burguesa en vez de conciencia de trabajadores.

Profundizando un poco más cabría preguntarnos ¿Qué efecto ha tenido la renta petrolera en la cultura del trabajo como medio de generación de riqueza? O en otras palabras ¿Está en la conciencia colectiva de las masas la obtención de riquezas a través del trabajo propio, o la riqueza más bien la vinculan a lo lúdico, a la “viveza criolla” y al reparto paternalista de la renta petrolera? Más allá de las visiones románticas y pequeño burguesas que idealizan los niveles de conciencia de las masas ¿Existen estudios serios que nos muestren como creen las grandes mayorías del Pueblo se puede alcanzar la riqueza material? Si nos hemos especializado tanto en encuestas y estudios opináticos, bien valdría la pena estudiar este fenómeno, que a nuestro entender está directamente vinculado al proyecto Puntofijista de defensa de la renta petrolera y uso de la misma para atenuar las contradicciones del capitalismo.

Si algo se ha demostrado en estos 14 años, es que el proyecto de “Inclusión Social” sustentado en la distribución más democrática de la renta petrolera, como eje central de estabilidad social, tiene su techo dentro del capitalismo reformista.

Las nueva cultura socialista (o del trabajo) se crea cuando hacemos las cosas socialmente de manera diferente, esto es, cuando transformamos la forma de funcionamiento de la economía, su objetivo central pasa de ser la mercancía a la satisfacción plena de las necesidades colectivas e individuales, bajo relaciones justas de intercambio, y sobre todo, bajo el control de los productores libres y asociados, o lo que es lo mismo, superando la división social del trabajo. Si comenzamos a cambiar la estructura económica y la superestructura política (quien toma las decisiones), comenzaremos a cambiar la cultura del consumo en dirección a la cultura del trabajo.

A Modo de Conclusión

Estas situaciones antes planteadas configuran uno de los riesgos estratégicos más grandes que enfrenta la revolución, pues la consecuencia de desarrollarse sería el caos, la ingorbernabilidad, el culto al consumo, la fragmentación social, y todo esto derivaría en el escepticismo del Pueblo en torno a la revolución Bolivariana, a la sociedad socialista y por supuesto, a sus líderes, situación que nos llevaría a una derrota completa. Es decir, una revolución no se puede llevar a cabo si el Pueblo deja de creer que la sociedad socialista es superior en todo sentido a la capitalista, y por tanto pierde la pasión, el ánimo, la certidumbre movilizadora, fenómeno, que por cierto, ya se ha comenzado a presentar cuando en las bases dicen “yo creo sólo en Chávez”, denotando incredulidad en el resto de los actores de la revolución y sus accionares y proyectos políticos.

Este nivel de dependencia de la revolución al Presidente Chávez representa un riesgo sumamente grande para el Proceso y en especial para la propia vida del Presidente Chávez. No nos queda otro camino que avanzar en la construcción de la dirección democrática, colectiva, legítima y respetuosa de las fuerzas motrices de la Revolución, a todos los niveles y con el mayor esfuerzo democrático de participación y de construcción de consensos entre iguales.

Igualmente la unidad de ahora en adelante no podrá ser una unidad de disciplina silente y acrítica, la unidad de la cooptación. Debe ser en vez, una unidad fraguada en el reconocimiento respetuoso de las diferentes fuerzas sociales y políticas, los diferentes matices y visiones sobre los temas de la revolución, en la creación de espacios de encuentro, de disciplina consiente. La unidad democrática, de respeto a las decisiones y sentir de las mayorías, de la crítica pública y transformadora de la gestión pública.

Este desarrollo de la unidad, o lo que es lo mismo, estadio de desarrollo de la conciencia colectiva, no permitirá imposición de candidatos, sino más bien exigirá un profundo y democrático debate programático para así escoger los candidatos por la revolución a las venideras elecciones. Mal se haría si, frente esta compleja coyuntura, frente a las señales claras recibidas desde el Pueblo y en ausencia del Presidente, se le impone los candidatos al Pueblo revolucionario a través de la cooptación desde arriba. Muchísimos colectivos y actores políticos, frente a pésimas gestiones locales, aspiran ser candidatos o candidatas. Sólo el debate respetuoso y la democracia interna nos sacarán unidos y preparados para la confrontación electoral. Ese falso dilema de que las elecciones dividen, no comprende que lo que divide es el desconocimiento del otro como sujeto político, la imposición, la injusticia, la ignominia, la expropiación de las decisiones fundamentales de las bases de la revolución por un pequeño grupo de dirigentes del partido.

Sin lugar a dudas, el cuadro de lucha de clases (en lo político, económico y cultural) que está atravesando la Revolución Bolivariana, producto de su propio desarrollo, de la reaparición de la enfermedad del compañero y Presidente Chávez y de la correlación de fuerzas internacionales (que en este brevísimo texto no abordamos) configuran una gran encrucijada para la misma. De las decisiones que tomemos y acciones que ejecutemos los revolucionarios unidos, dependerá el destino del Proceso. Confío en que la dirección nacional de la revolución en este período de ausencia del Presidente esté a la altura de los retos aquí planteados.


[1] Mészáros, István. Más allá del Capital
[2] Spinoza, Baruch. Ética.