jueves, 24 de julio de 2014

La Encrucijada Estratégica de la Revolución



Una aproximación a las contradicciones fundamentales del Proceso que se nos enciman y su tratamiento

Escrito y publicado el Jueves, 10/01/2013

Debemos arrancar por aclarar que este breve análisis se hace desde las filas de la Revolución Bolivariana y con la más sincera intención de aportar para la profundización del Proceso revolucionario liderado por el Presidente Hugo Chávez.


Aclarada la legitimidad de estas letras, debemos indicar que sólo señalaremos algunas características sintomáticas de serias contradicciones internas del Proceso que nos colocan en una encrucijada de carácter estratégico.

1. Aumento de la Contradicción Estado – Poder Popular

Hasta hace relativamente pocos años, era socialmente aceptado el ejercicio del poder representativo en todas sus dimensiones y escalas. Si bien existía un reclamo popular, este se concentraba en la eficiencia y transparencia de la gestión. A raíz del propio desarrollo de la Revolución Bolivariana, de la polarización nacional y del empuje que ha puesto el Presidente Chávez y otros actores políticos revolucionarios a nivel nacional, la democracia participativa y protagónica se ha ido posicionando en la conciencia colectiva de las masas, rompiendo con el gran consenso que había logrado la democracia burguesa en el Pueblo.

Existen claras señales de lo antes afirmado: la creación he incremento de los Consejos Comunales y nacientes comunas, el nacimiento masivo del Polo Patriótico como alternativa de democracia de las bases revolucionarias frente a los partidos centralistas y burocráticos, la crítica generalizada al burocratismo que usurpa las decisiones del Pueblo (con desarrollos desiguales de la misma), la creciente crítica generalizada a los poderes locales (especialmente alcaldes y gobernadores) que no son otra cosa que un cuestionamiento a las decisiones tomadas desde arriba, entre otras.

Se ha sostenido e insistido por 14 años en pensar que superaremos el viejo estado capitalista y crearemos el nuevo estado que hemos denominado Poder Popular, a través de la transferencia de competencias voluntaria de los administradores del viejo estado (Gobernadores, alcaldes, directores, concejales, Gerentes de empresa del estados, etc) a los nuevos gestores del naciente poder Popular, y cabe preguntar ¿En qué lugar del país esto se ha puesto en práctica?, ¿En qué alcaldía (por citar un ejemplo) su presupuesto es construido en su totalidad por el Poder Popular y no por los administradores de dicha alcaldía?

Más aun, el partido, que es quien debe mediar en la contradicción Viejo Estado vs. Poder Popular, a favor de este último, está conformado, en buena medida, por funcionarios “cooptados” por actores claves del viejo estado. Pues ocurrió algo obvio, el partido terminó “cooptado” por el viejo estado, su concepción y principio de preservación y está inclinando la balanza en esta contradicción a favor del Estado que debemos superar. He aquí la fuente de la desconexión Partido – Masas y del Propio nacimiento del Polo Patriótico.

2. La Ausencia de Controles Democráticos

Una característica clave de este proceso es la falta de controles políticos, económicos y culturales a todos los niveles, pero muy especialmente, en la medida que nos alejamos del entorno presidencial, verbigracia alcaldías, Gobernaciones, direcciones de institutos,  Direcciones Municipales del Partido.

No nos estamos refiriendo a los controles que tiene el estado y que debe seguir mejorando. Nos referimos a los controles políticos, económicos y culturales del proceso. Para ser más específicos ¿Quién controla que un alcalde o Gobernador este construyendo la política de recuperación de espacio público de su municipio o estado con el Poder Popular en vez de otorgar concesiones a los privados para la explotación de un servicio o de un espacio de interés público? Bien podría la Contraloría General de la República determinar que los recursos se manejaron transparentemente y avalar la gestión, pero política, económica y culturalmente sería contraria a los postulados de la Revolución Bolivariana. Nuevamente ¿Quién detecta e interviene para corregir esto actualmente? ¿Son las direcciones regionales y municipales del PSUV designadas por los Gobernadores y Alcaldes, casi todos funcionarios subordinados a estos, las que criticarán y se corregirán a sí mismos y a sus jefes?

La Teoría General de Sistemas, desarrollada en los primeros decenios del siglo pasado, y que vino a transformar la concepción de los métodos científicos con profundas repercusiones en los diferentes campos de las ciencias puras, aplicadas y sociales, tiene como uno de sus principales axiomas incontrovertidos que todo sistema que no tenga un subsistema de control tiende al caos. Esto ocurre porque en todos los sistemas (y la Revolución Bolivariana como un gran sistema complejo) se producen desviaciones (ejemplos: la corrupción, la prepotencia y autoritarismo de líderes del proceso, la ineficiencia, el burocratismo, el consumismo, el machismo, etc), y estas desviaciones tienden a agrandarse si no intervienen agentes internos del sistema para regularlos, o lo que es lo mismo, para controlarlos. Si se permite que estas desviaciones se desarrollen sin control (impunemente), las mismas continuarán incrementándose hasta que caoticen toda la revolución y la hagan ingobernable. Y este caos no se controlará con la aparente disciplina silenciosa que puedan guardar las fuerzas desviadas y las fuerzas que las confrontan, cuando los mandos invoquen unidad. El presidente Chávez ha logrado sobrellevar estas contradicciones con su control limitado del estado (porque no puede estar en todos los rincones del país controlando todo) y con su liderazgo fuerte en las masas. Y a pesar de eso, el primer llamado que hace el Presidente Chávez, el único líder fuerte de la Revolución, luego del triunfo del 7 de octubre, es a la “autocrítica pública”.

Las desviaciones, en sistemas sociales, son inevitables, y más si se pretende construir una nueva sociedad. Decir que nuestro proceso adolece de desviaciones en todas sus infinitas partes es ignorar la realidad, ser arrogantes, suprimir la crítica y autocrítica y en última instancia, permitir que la revolución tienda al caos. Toda desviación tiende a aumentar sino se controla.

Los controles en sistemas muy básicos son bastantes simples. Pero en la Revolución Bolivariana y más aún en la sociedad venezolana con intención de transformación socialista, la cantidad de posibles desviaciones son infinitas, están en cada rincón del país, en cada institución, en cada instancia del partido, en cada escuela y proceso educativo en general, en cada militante del partido. No toda desviación es mala, aclaramos. Las desviaciones nos pueden permitir romper con un orden prestablecido. Por ejemplo, las insurrecciones del 89 y del 92 fueron desviaciones del sistema impuesto por el Pacto de Punto Fijo, que a pesar de haber sido controladas en su momento, cambiaron las características cualitativas de la sociedad, introduciendo nuevos actores y fuerzas. Este tipo de desviaciones que nos permiten transformar y adaptar el sistema a nuevas realidades son deseables.

Pero hay desviaciones que retrogradan el sistema. Sobre todo, cuando se está construyendo un nuevo sistema, hay desviaciones que contradicen los objetivos centrales del mismo. Por ejemplo, la Revolución Bolivariana tiene como banderas centrales la democracia participativa y protagónica en la nueva sociedad pero son pocas las alcaldías y Gobernaciones en donde es el Pueblo quien define el Presupuesto (que es un elemento Central del Poder), a pesar de ser una instrucción del Plan Nacional Simón Bolívar y mandato del líder fundamental del Proceso: Darle poder al Pueblo.

Otro ejemplo, la nueva sociedad en construcción debe extirpar la corrupción sin embargo existe en muchas instancias de la Sociedad (obsérvese que hablamos de Sociedad y no nos limitamos al Gobierno). Un Subsistema de Control de este sistema que llamamos sociedad venezolana en transición socialista, debería identificar donde y cuando se está evitando darle el Poder al Pueblo o donde se manifiesta la corrupción, y ejercer acciones que corrijan estas desviaciones no deseadas. ¿Qué ocurre sino se corrigen estas desviaciones?, aumentarán irreductiblemente.

Luego, debemos preguntarnos ¿a quien o quienes les corresponde identificar y encaminar la corrección de la desviación? ¿A una persona en particular?, ¿A quien comete la falla? No. Las desviaciones en una revolución socialista, a nuestro entender (y aquí nos vamos a los clásicos del marxismo) les corresponde corregirlas al Pueblo, o mejor dicho, al Pueblo trabajador y organizado, o mejor dicho, a su vanguardia organizada, ya que no es sostenible en el tiempo la construcción de una sociedad nueva que soporte sus controles sobre la espontaneidad de las masas desorganizadas. En otras palabras y conscientes de que es una idea polémica, el control del buen rumbo de una revolución socialista y democrática, como la nuestra, le corresponde al partido revolucionario, entendido este como la organización de las y los trabajadores mas conscientes, disciplinados, entregados a la causa, militantes y ejemplares que tiene el movimiento revolucionario, la organización vitrina de la nueva sociedad.

Sin este partido descrito anteriormente a muy grandes rasgos, y q aún no lo tenemos, es imposible desarrollar controles, mas allá de los que humanamente pueda realizar el Presidente Chávez, su entorno más cercano, funcionarios de buena voluntad y el Pueblo aislado en sus localidades particulares. Y sin este subsistema de control que solo es estable, repetimos, en la vanguardia organizada de la revolución, las desviaciones seguirán aumentando y la Revolución, tal y como sostiene la Teoría General de Sistema, tenderá al caos.

3. La Dependencia del Proceso a un ser humano. Ausencia de dirección Colectiva

Una de las fortalezas más grandes que tiene esta revolución es que cuenta con un líder visionario, honesto, persistente, inteligente y que se comunica muy bien con el pueblo. A su vez, esta conexión líder masa genera una responsabilidad gigantesca sobre el líder que lo lleva a tratar de “meter la lupa” y “apretar las tuercas” personalmente en todos los espacios y todos los niveles de la Revolución. Es decir, no solamente Chávez es el estadista que dirige la Revolución Bolivariana y fomenta la continental, sino que es también quien sanciona a un alcalde corrupto, a un director de una empresa autoritario, a un viceministro ineficiente, a un dirigente regional desviado, etc. Sintetizado magistralmente en la frase de Fidel Castro “Chávez no puede ser el amo de llaves de Venezuela”. Esta reflexión de Fidel es clave para comprender el nivel de presión que está soportando sólo el líder principal, y a su vez, la cantidad de procesos que avanzan sólo una vez corregidos por el Presidente. No se necesita ser muy inteligentes para comprender varias cosas:

· La enfermedad del Presidente tiene que ver, entre otras cosas, con el nivel de estrés y falta de descanso del líder principal.

· El único líder que es reconocido por todas las fuerzas internas de la Revolución es Chávez, por tanto, el único que nos unifica. Cabe la pregunta ¿Quién unificaría al Pueblo si no está el Presidente?

· Existe un nivel de Centralidad que retrasa procesos, ya que un ser humano no puede tener tantas tareas y resolverlas todas eficiente y oportunamente a la vez.

· No existe una dirección colectiva que corrija y complemente al Presidente (que al fin y al cabo es un ser humano que como todos, necesita ayuda), que corrija la revolución, que regule colectivamente las pasiones que en momentos ocurren en el proceso bolivariano o los retrasos conservadores que la frenan, que confronte diferentes enfoques.

Toda esta situación antes planteada de máxima dependencia del Proceso al líder genera una alta vulnerabilidad ya que dirige todos los ataques contra la revolución hacia él.

Cualquier amenaza de fuerzas naturales, políticas o militares, que pueda sacar al Presidente Chávez de la dirección de la revolución se convierte en un escenario de extrema complejidad. Esto lo sabe el imperialismo y es por eso que enfoca todo contra el presidente, desde los brujos, pasando por los satélites, hasta llegar a los medios de comunicación. Desdibuja al Pueblo en su lucha y sintetiza todos sus males en Chávez. Y desde las filas revolucionarias reforzamos este escenario con consignas como “Con Chávez todo sin Chávez nada”, cuando debería ser “Con el Pueblo todo sin el Pueblo nada”.

Ante el anuncio del Presidente de la reaparición de la enfermedad y su posible sucesión a cargo de Nicolás Maduro, la unidad revolucionaria pasa a ser un asunto central en la política revolucionaria. Sin duda debemos apoyar decididamente a Nicolás Maduro a la Presidencia de la República si el Presidente Chávez no puede seguir asumiéndola. Vacilar es permitir el ascenso al poder dela derecha neoliberal. Sin embargo, las contradicciones internas del chavismo, que el Presidente Chávez maneja internamente (no con poca dificultad), gracias al líder fuerte que es, muy probablemente agudizarán sino se generan espacios democráticos como iguales para el debate, la crítica, autocrítica, corrección y construcción de consensos programáticos entre las vanguardias y en el seno del Pueblo, a escala nacional, regional, municipal, local y sectorial, que actualmente no existen.

4. La Reproducción Metabólica de la Cultura del Capital y el Efecto de la Renta en la cultura.

Asociada a esta ausencia de controles tenemos una gran amenaza, a saber, la cultura capitalista y rentista que se reproduce, a decir de Mészáros[1], metabólicamente en la sociedad, fomentando las desviaciones no deseadas que retrogradan a la organización social que queremos superar. La vieja sociedad y la cultura capitalista que se reproduce en todos los rincones, se materializan en ideas, practicas, concepciones antagónicas a la nueva sociedad socialista. Como diría Spinoza “Todo cuanto existe desea persistir en su ser”[2]. La cultura capitalista se reproduce en el consumismo derivado de la renta petrolera, en la educación universitaria repetitiva y de falsa conciencia, en el comercio innecesario y efímero, en los grandes Centro Comerciales-templos del consumo, en las novelas de las bajas pasiones, en el reggaetón (en la música desnacionalizadora y transculturizadora), y, escúchese bien, en las políticas de estado que fomentan el mundo del consumo en nombre del “Proyecto de Inclusión”, entre otros.

El Socialismo es el mundo del Trabajo, es decir, la sociedad donde se reconoce al trabajo como la fuente sustantiva de la riqueza. Por tanto, la sociedad que reivindica el trabajo como la forma digna y justa para hacernos de todas las cosas tangibles e intangibles que requerimos para desarrollar la vida. Siendo así, en esta sociedad del trabajo, no debería existir ningún sector social que perciba recursos sin trabajar. Igualmente, la retribución percibida debe ser proporcional al trabajo realizado y aportado a la sociedad, bajo el principio marxista socialista “de cada cual según su capacidad y a cada quien según su trabajo”.

Frente a este mundo del trabajo, está el mundo del consumo, el mundo de la mercancía. Aquel donde el centro de gravedad de la existencia humana radica en poder consumir cada vez más, tanto lo que necesitamos, como lo que no necesitamos pero creemos que sí. Es el mundo donde la mercancía toma formas humanas y el ser humano forma de objetos.

La Revolución Bolivariana se ha encargado de distribuir más democráticamente la renta petrolera. Este torrente de dinero vertido en la sociedad, sumado al bombardeo cultural proveniente de los grandes productores de cultura transnacionales, ha aumentado la capacidad de compra y el interés de los venezolanos, y a su vez le han dado “poder” para comprar, no solamente las cosas necesarias para vivir, sino también, las cosas que elevan su estatus social pues son “indicadoras directas” de este ascenso. Celulares, carros, ropa, equipos de sonidos, televisores, etc, son las metas reincidentes de esta carrera loca y frenética en que ha derivado este incremento y redistribución de la renta petrolera.

Incluso, en el fenómeno de la delincuencia se genera un indicador nuevo: El robo de teléfonos Blackberrys. Cabría la pregunta ¿Qué efecto ha causado este consumismo disparado en la delincuencia? ¿Es que el robo de hoy sigue siendo un robo por hambre, considerando los exitosos e innumerables planes sociales que ha creado el Gobierno, o es un robo fomentado por el consumismo?

Lo cierto es que este consumismo enajena al ser humano, lo convierte en “cosa”, que vale tanto como objetos posea, y a su vez, le da características vivas, espirituales, gloriosa a las cosas. Hay un lema de la cultura china que sintetiza muy bien lo antes planteado y sostiene que “quien más tiene más quiere y quien más quiere menos es”.

La Revolución Bolivariana debe reproducir la cultura del trabajo, no la cultura del consumo. Por la vía del consumismo, el Pueblo se introduce en una lógica cultural de no dar sino se recibe algo a cambio. Y esto es precisamente lo que uno observa cuando en refugios de damnificados de Caracas se protestaba en diciembre 2010 porque en navidad el gobierno había obsequiado juguetes a los niños en vez de televisores pantalla plana. Reclamaban un regalo “digno”.

Esta cultura del consumismo es un riesgo muy grande para la revolución porque se encarga de regenerar los pensamientos y sentimientos más básicos y retrasados del capitalismo, formando en mayor medida conciencia pequeño burguesa en vez de conciencia de trabajadores.

Profundizando un poco más cabría preguntarnos ¿Qué efecto ha tenido la renta petrolera en la cultura del trabajo como medio de generación de riqueza? O en otras palabras ¿Está en la conciencia colectiva de las masas la obtención de riquezas a través del trabajo propio, o la riqueza más bien la vinculan a lo lúdico, a la “viveza criolla” y al reparto paternalista de la renta petrolera? Más allá de las visiones románticas y pequeño burguesas que idealizan los niveles de conciencia de las masas ¿Existen estudios serios que nos muestren como creen las grandes mayorías del Pueblo se puede alcanzar la riqueza material? Si nos hemos especializado tanto en encuestas y estudios opináticos, bien valdría la pena estudiar este fenómeno, que a nuestro entender está directamente vinculado al proyecto Puntofijista de defensa de la renta petrolera y uso de la misma para atenuar las contradicciones del capitalismo.

Si algo se ha demostrado en estos 14 años, es que el proyecto de “Inclusión Social” sustentado en la distribución más democrática de la renta petrolera, como eje central de estabilidad social, tiene su techo dentro del capitalismo reformista.

Las nueva cultura socialista (o del trabajo) se crea cuando hacemos las cosas socialmente de manera diferente, esto es, cuando transformamos la forma de funcionamiento de la economía, su objetivo central pasa de ser la mercancía a la satisfacción plena de las necesidades colectivas e individuales, bajo relaciones justas de intercambio, y sobre todo, bajo el control de los productores libres y asociados, o lo que es lo mismo, superando la división social del trabajo. Si comenzamos a cambiar la estructura económica y la superestructura política (quien toma las decisiones), comenzaremos a cambiar la cultura del consumo en dirección a la cultura del trabajo.

A Modo de Conclusión

Estas situaciones antes planteadas configuran uno de los riesgos estratégicos más grandes que enfrenta la revolución, pues la consecuencia de desarrollarse sería el caos, la ingorbernabilidad, el culto al consumo, la fragmentación social, y todo esto derivaría en el escepticismo del Pueblo en torno a la revolución Bolivariana, a la sociedad socialista y por supuesto, a sus líderes, situación que nos llevaría a una derrota completa. Es decir, una revolución no se puede llevar a cabo si el Pueblo deja de creer que la sociedad socialista es superior en todo sentido a la capitalista, y por tanto pierde la pasión, el ánimo, la certidumbre movilizadora, fenómeno, que por cierto, ya se ha comenzado a presentar cuando en las bases dicen “yo creo sólo en Chávez”, denotando incredulidad en el resto de los actores de la revolución y sus accionares y proyectos políticos.

Este nivel de dependencia de la revolución al Presidente Chávez representa un riesgo sumamente grande para el Proceso y en especial para la propia vida del Presidente Chávez. No nos queda otro camino que avanzar en la construcción de la dirección democrática, colectiva, legítima y respetuosa de las fuerzas motrices de la Revolución, a todos los niveles y con el mayor esfuerzo democrático de participación y de construcción de consensos entre iguales.

Igualmente la unidad de ahora en adelante no podrá ser una unidad de disciplina silente y acrítica, la unidad de la cooptación. Debe ser en vez, una unidad fraguada en el reconocimiento respetuoso de las diferentes fuerzas sociales y políticas, los diferentes matices y visiones sobre los temas de la revolución, en la creación de espacios de encuentro, de disciplina consiente. La unidad democrática, de respeto a las decisiones y sentir de las mayorías, de la crítica pública y transformadora de la gestión pública.

Este desarrollo de la unidad, o lo que es lo mismo, estadio de desarrollo de la conciencia colectiva, no permitirá imposición de candidatos, sino más bien exigirá un profundo y democrático debate programático para así escoger los candidatos por la revolución a las venideras elecciones. Mal se haría si, frente esta compleja coyuntura, frente a las señales claras recibidas desde el Pueblo y en ausencia del Presidente, se le impone los candidatos al Pueblo revolucionario a través de la cooptación desde arriba. Muchísimos colectivos y actores políticos, frente a pésimas gestiones locales, aspiran ser candidatos o candidatas. Sólo el debate respetuoso y la democracia interna nos sacarán unidos y preparados para la confrontación electoral. Ese falso dilema de que las elecciones dividen, no comprende que lo que divide es el desconocimiento del otro como sujeto político, la imposición, la injusticia, la ignominia, la expropiación de las decisiones fundamentales de las bases de la revolución por un pequeño grupo de dirigentes del partido.

Sin lugar a dudas, el cuadro de lucha de clases (en lo político, económico y cultural) que está atravesando la Revolución Bolivariana, producto de su propio desarrollo, de la reaparición de la enfermedad del compañero y Presidente Chávez y de la correlación de fuerzas internacionales (que en este brevísimo texto no abordamos) configuran una gran encrucijada para la misma. De las decisiones que tomemos y acciones que ejecutemos los revolucionarios unidos, dependerá el destino del Proceso. Confío en que la dirección nacional de la revolución en este período de ausencia del Presidente esté a la altura de los retos aquí planteados.


[1] Mészáros, István. Más allá del Capital
[2] Spinoza, Baruch. Ética.

jueves, 12 de junio de 2014

El capitalismo está en riesgo de implosionar advierte presidenta del FMI en foro de plutócratas capitalistas

Por:
Christine Lagarde, directora del Fondo Monetario Internacional (FMI)

Christine Lagarde, directora del Fondo Monetario Internacional (FMI)

Credito: politico.com

11 de Junio.- Un artículo de Chrystia Freeland, publicado en politico.com, titulado "Ya no es solo George Soros. ¿Qué significa cuando la vanguardia capitalista empieza a hablar de la desigualdad?", revela lo extenso de la crisis que está enfrentando el Capitalismo a nivel global y como a sus máximos representantes, les preocupa la supervivencia del mismo.
A continuación, partes de lo escrito por Freeland:
"Ya no es sólo George Soros, el multimillonario de los fondos de cobertura, que alegremente se describe como "un traidor a su clase" y se ha preocupado durante mucho tiempo por las deficiencias de lo que él llama "el fundamentalismo del libre mercado". Entre los plutócratas, esta perspectiva que antes fue vista como radical, se ha ido convirtiendo en la corriente principal.
Esto se pudo ver en Londres a finales de mayo, en una conferencia sobre "El capitalismo Inclusivo", en las elegantes habitaciones, doradas del Guildhall (sede histórica de la Ciudad, y uno de los dos centros del mundo de las finanzas), los inversionistas internacionales que controlan 30 trillones de dólares de activos -un tercio del total global- se reunieron para discutir, lo que el director ejecutivo de Unilever, Paul Polman, llamó "la amenaza capitalista al capitalismo".

Polman y Lynn Forester de Rothschild, organizadores de la conferencia, escribieron en un ensayo introductorio, que el Capitalismo "a menudo ha resultado de gran manera, disfuncional. A menudo alienta la miopía, contribuye a las grandes disparidades entre los ricos y los pobres, y tolera el tratamiento irresponsable del capital ambiental. Si estos costos no pueden ser controlados, el apoyo al capitalismo puede desaparecer".

Eso fue sólo el preludio. El debate fue iniciado por Fiona Woolf, alcaldesa de la ciudad de Londres, quien advirtió que el capitalismo tenía que ser "para todos, no sólo para los pocos dorados". El siguiente fue el príncipe Carlos, que dijo que el triunfalismo del Capitalismo cuando colapsó la Unión Soviética, había sido un error y que "el trabajo a largo plazo del capitalismo es servir a la gente, y no al revés".

El discurso de la mañana estuvo a cargo de Christine Lagarde, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional. Ella citó tanto la predicción de Carlos Marx de que el capitalismo "acarrea las semillas de su propia destrucción", como la caracterización que hizo el Papa Francisco, del aumento de la desigualdad como "la raíz del mal social". Ella habló en contra de una reacción centrista que favorece el aumento de la desigualdad, diciendo que "en última instancia, debemos ocuparnos de la igualdad de oportunidades, no de la igualdad de resultados". El problema, dijo la señora Lagarde, es que las oportunidades nunca podrían ser iguales en una sociedad profundamente desigual, y pidió mas sistemas progresivos de impuestos, y un mayor uso de los impuestos sobre la propiedad.

Estas recetas vinieron de la directora gerente del FMI, organización que ha sido durante mucho tiempo el villano en la cosmovisión del movimiento anti-globalización, el cerebro diabólico de los esfuerzos de la "doctrina de shock" de la plutocracia, para asumir el control del planeta.

En Guildhall, el día terminó con un discurso de apertura de la cena dado por otro de los arquitectos y perros guardianes del capitalismo global, Mark Carney, gobernador del Banco de Inglaterra, quien dijo que el aumento de la desigualdad de los ingresos era real e internacional: "Dentro de las sociedades, casi sin excepción, la desigualdad de ingresos tanto dentro, como entre las generaciones, ha aumentado demostrablemente". Él refutó el argumento de que todo se trata de meritocracia: "Ahora es el momento de ser famoso o afortunado", y advirtió, con un lenguaje fuerte, que el sistema capitalista estaba en riesgo: "Así como toda revolución se come a sus propios hijos, el fundamentalismo de mercado no supervisado, puede devorar el capital social esencial para el dinamismo a largo plazo del capitalismo".

Para los plutócratas estadounidenses, aceptar que el capitalismo no funciona para todo el mundo puede ser una píldora más amarga de tragar que para muchos de sus pares globales, porque, en Estados Unidos más que en cualquier otra parte del mundo, en las últimas décadas la riqueza y su acumulación han llegado a ser vistas como una virtud cívica. Como Nick Hanauer, el empresario e inversor de Seattle, ha señalado, "ser rico significa, por definición, que eres bueno". (Esto, dice Hanauer, ha hecho que sea particularmente agradable para un norteamericano, ser rico,  tú disfrutas tanto de moral como de bienestar material).

Parte importante de esta historia es la llamada "meritocracia". En Estados Unidos, más que en ninguna otra parte, los plutócratas se definen como inventores y luchadores hechos por sí mismos. Ellos se construyeron ellos mismos. Esto es especialmente aplicable a Silicon Valley, y no es casualidad que sus magnates de la tecnología sean la cara más aceptada y aun amada, de la plutocracia estadounidense.

Este aspecto del aumento de la plutocracia no recibe mucha atención de parte de los estudiantes del fenómeno, de tendencia izquierdista, y por muy buenas razones: el rico hecho por sí mismo, sobre todo cuando adquiere la riqueza a través de la creación de un producto que todos amamos -Gmail, el iPad- es difícil de criticar.

Es por eso que los discursos de Lagarde y Carney en la conferencia "El capitalismo inclusivo", y la tendencia intelectual más amplia de la que ellos forman parte, son tan significativos. La "igualdad de oportunidades" es la política pública de elección de los  plutócratas meritócratas, no es casualidad que la educación sea el foco de atención del filantrocapitalismo estadounidense. Pero Lagarde -y recordemos que es la directora gerente del FMI- argumentó que la igualdad de oportunidades no es suficiente, y que es probablemente imposible de lograr con las condiciones de desigualdad en aumento. Carney enfrentó la justificación de la meritocracia, afirmando que "las ganancias en un mundo globalizado han amplificado las recompensas a las superestrellas y, aunque pocos de ellos se inclinarían a admitirlo, a los que tienen suerte," e invitó a los directores ejecutivos y los inversionistas a que se reunieran para juzgar la política pública a través del velo de la ignorancia de Rawls, "no saber sus futuros talentos y circunstancias".
Considerado junto a Thomas Piketty, cuyo principal sello de contribución a la política ha sido la idea de que, si se le deja seguir su propia lógica interna, el capitalismo va a crear una sociedad de cada vez mayores, y eventualmente heredadas disparidades de riqueza, estos argumentos representan un cambio radical en la forma en que pensamos en el mercado economía. Para estar seguro, siempre ha habido voces en la izquierda que sostienen que el capitalismo debe ser desechado por completo. Pero esa no es la posición de Piketty. Él tiene el cuidado de identificarse a sí mismo como un hijo de la era posterior a 1989, para los que el capitalismo es el único sistema económico plausible.
 
Lo nuevo en el argumento de Piketty es su divergencia de la crítica del capitalismo depredador que ha sido dominante entre los progresistas, sobre todo desde el año 2008. Para él, el problema no es sólo unos pocos codiciosos, vacas gordas, sino es el sistema mismo que está corrompido.
 
Curiosamente, este es ahora el mismo argumento que algunos de los propios plutócratas están haciendo; muchos más de ellos le están prestando atención. Desde el príncipe Carlos a Polman de la Unilever, desde el FMI hasta al Banco de Inglaterra, un grupo influyente en el corazón del capitalismo global está argumentando que el capitalismo tiene que ser cambiado con el fin de salvarlo.
 
Las mareas intelectuales están cambiando, y, con el tiempo, eso podría significar un cambio de rumbo político también. Extrañamente, al menos para la época de la posguerra, los estadounidenses no están a la vanguardia. Pero es un error pensar que la version Gordon Gekko, o incluso la Steve Jobs, del capitalismo, es la única manera en que los estadounidenses han pensado sobre su economía política. Estamos acostumbrados a asumir que los estadounidenses culturalmente aceptan con normalidad las grandes disparidades de riqueza, y que los europeos nacen ya siendo socialdemócratas.
 
Pero no siempre ha sido así. Aquí está Thomas Jefferson (rodeado de esclavitud, por supuesto), escribiendo desde Monticello en septiembre de 1814: "No tenemos pobres ... La gran masa de la población es de trabajadores; nuestros ricos, que pueden vivir sin trabajar, ya sea manual o profesionalmente, son pocos, y de riqueza moderada. La mayor parte de la clase trabajadora posee bienes, cultivan sus propias tierras, tienen familias, y gracias a la demanda de su trabajo, pueden exigir de los ricos suficientes recursos que les permitan alimentarse abundantemente, vestirse decentemente, laborar  moderadamente y criar a sus familias... Los ricos, por su parte, y los cercanos a serlo, no tienen idea de lo que los europeos llaman lujo. Tienen sólo un poco más de las comodidades y propiedades que aquellos que se las suministran. ¿Puede cualquier condición de la sociedad ser más deseable que esta?"
 
Eso me suena mucho a "capitalismo inclusivo".
 

La autora es miembro del parlamento canadiense y ex editora en jefe del Financial Times y Reuters. En 2012 publicó el libro "Plutocrats: The Rise of the New Global Super-Rich and the Fall of Everyone Else" (Plutócratas: el surgimiento del nuevo súper rico global y la caída de todos los demás).

domingo, 6 de abril de 2014

EL ARTE DE LA INTELIGENCIA


Allen W. Dulles
(Extracto de su libro)

Sembrando el caos en la Unión Soviética, sustituiremos sus valores, sin que sea percibido, por otros falsos, y les obligaremos a creer en ellos. Encontraremos a nuestros aliados y correligionarios en la propia Rusia. Episodio tras episodio se va a representar por sus proporciones una grandiosa tragedia, la de la muerte del más irreductible pueblo en la tierra, la tragedia de la definitiva e irreversible extinción de su autoconciencia. De la literatura y el arte, por ejemplo, haremos desaparecer su carga social. Deshabituaremos a los artistas, les quitaremos las ganas de dedicarse al arte, a la investigación de los procesos que se desarrollan en el interior de la sociedad. Literatura, cine, teatro, deberán reflejar y enaltecer los más bajos sentimientos humanos. Apoyaremos y encumbraremos por todos los medios a los denominados artistas, que comenzarán a sembrar e inculcar en la conciencia humana el culto del sexo, de la violencia, el sadismo, la traición. En una palabra: cualquier tipo de inmoralidad. En la dirección del estado crearemos el caos y la confusión. De una manera imperceptible, pero activa y constante, propiciaremos el despotismo de los funcionarios, el soborno, la corrupción, la falta de principios. La honradez y la honestidad serán ridiculizadas, innecesarias y convertidas en un vestigio del pasado. El descaro, la insolencia, el engaño y la mentira, el alcoholismo la drogadicción, el miedo irracional entre semejantes, la traición, el nacionalismo, la enemistad entre los pueblos, y ante todo el odio al pueblo ruso; todo esto es lo que vamos a cultivar hábilmente hasta que reviente como el capullo de una flor.
Sólo unos pocos acertaran a sospechar e incluso comprender lo que realmente sucede. Pero a esa gente la situaremos en una posición de indefensión, ridiculizándolos, encontrando la manera de calumniarles, desacreditarles y señalarles como desechos de la sociedad. Haremos parecer chabacanos los fundamentos de la moralidad, destruyéndolos. Nuestra principal apuesta será la juventud. La corromperemos, desmoralizaremos, pervertiremos.” .

El texto pertenece al libro titulado EL ARTE DE LA INTELIGENCIA, de ALLEN W. DULLES, fundador e ideólogo de la CIA en la

viernes, 4 de abril de 2014

Del Odio


Por: Eduardo Rothe

Cuanto más pequeño es el corazón, más odio alberga.

(Victor Hugo).

Frank Carlucci, organizador en 1961 del asesinato del héroe congolés Patrice Lumumba, fue nombrado embajador de Estados Unidos en Portugal en enero de 1975, con la misión (como funcionario de la CIA) de liquidar la llamada “revolución de los claveles”. Bajo el hechizo romántico de Lisboa, se casó con su colega Marcia y, después de una corta luna de miel en Marruecos, regresó con la idea para una campaña de terror previa al golpe de Estado: “en Portugal hay 30 mil soldados cubanos que controlan a las Fuerzas Armadas…”. Los únicos cubanos reales eran unos pocos diplomáticos, demasiados para Carlucci que ayudó a la gente de Posada Carriles a poner la bomba en la embajada que mató a los compatriotas cubanos Adriana Corcho y Efrén Monteagudo. El golpe contrarrevolucionario triunfó y Carlucci, satisfecho, pasó a ser subdirector de la CIA en 1978. Ironías de la historia: los cubanos si existían, pero no en Portugal sino en Angola, donde le partieron el espinazo al ejército racista surafricano y liquidaron para siempre la supremacía blanca en el continente negro.

En pleno paro petrolero, el 2003, el diario “El Mundo” traía en primera plana un pequeño titular: “Dama violada por 10 cubanos en la Cota Mil” seguido por 5 ó 6 líneas que relataban el drama de “una señora” secuestrada de Plaza Altamira y “violada al interior de una camioneta por 10 agentes cubanos”, quienes le dijeron que lo hacían “para castigarla por protestar contra el gobierno”. El resto de la nota había que buscarlo en una página interior donde, por supuesto, no existía. Recuerdo la incredulidad del corresponsal de Le Figaró, Romeo Langlois, por un periódico que se permitía semejante barbaridad. Por Langlois me tomé la molestia de investigar: en “El Mundo” nadie sabía quién lo había escrito: “eso vino de arriba a última hora”…

CUBANOS EN CARACAS

Como parte del actual golpe de Estado contra la democracia venezolana, la CIA (que siempre se repite) intensificó por las redes sociales su campaña anticubana que lleva ya 10 años. Logró infiltrar los cerebros opositores: desde el infecto Padre Palmar hasta la sifrinita que se inicia en twitter, todos reportan camiones de soldados cubanos llegando a Caracas, u oficiales del G2 dando órdenes en Fuerte Tiuna. La única prueba es el racismo y fotos de nuestros militares: “En Venezuela no tenemos negros tan negros”…

ANATOMIA DEL ODIO

Aristóteles veía al odio el deseo de aniquilación de un objeto, que es incurable por el tiempo. Spinoza como un tipo de dolor que se debe a causa externa. Hume como un sentimiento irreductible y no definible. Freud como un estado del yo que desea destruir la supuesta “fuente de su infelicidad”. La psicología como un sentimiento "profundo y duradero de intensa expresión de animosidad, ira y hostilidad hacia una persona, grupo u objeto". Los neurólogos como una mayor actividad en el medial circunvolución frontal, derecho, de forma bilateral en la corteza pre-motora, en el polo frontal, y de forma bilateral en la ínsula media del cerebro”. Para el legislador, el crimen de odio es un "crimen motivado por prejuicios" que puede incluir ataques físicos, destrucción de la propiedad, intimidación, acoso, abuso verbal e insultos. En cuanto a mí, adopto la definición más generosa con la desinformada oposición: "El odio es el amor sin los datos suficientes."

EPIDEMIOLOGIA

La derecha dice que odia porque la obligaron a odiar: “El odio lo trajo Chávez”. Y debemos reconocer que antes de la revolución había, aparentemente, poco odio, y casi todo repartido entre policías y delincuentes. El pueblo estaba “en su sitio”, ignorante y tranquilo (si nadie venía a alebrestarlo); los venezolanos éramos “hermanos” y los pobres esperaban el autobús bajo la lluvia, resignados a ser salpicados por carros de lujo manejados por los hijos de los ricos. La lluvia sólo sonaba triste en los techos de cartón (y en la canción) y el jet-set celebraba fiestas de helicópteros, bodas de perros finos, y bodas hijas de perra con invitados extranjeros traídos en vuelos chárter. “Evaristo, póngale gasolina al carro y vaya a buscar a los muchachos al colegio…”

Pero la idílica Venezuela de la Cuarta República donde los ricos les tenían cariño a los pobres que aguantaban sin quejarse ¡y cómo aguantaban! se quebró como un cristal de Murano con la pedrada del “Caracazo”… no porque se manifestara odio popular contra los ricos, sino porque estos vieron la fuerza del pueblo y tuvieron miedo de la revolución. Esa odiada revolución que, escribió Laureanito Vallenilla Lanz, “es como las grandes lluvias: trae la mierda de los cerros y la pone en la Plaza Bolívar”. Miedo racial, miedo de clase, anticomunismo, anticastrismo…

“CULPAECHAVEZ…”

Y de ese miedo a los cerros se levantó de su tumba poco profunda, hace 15 años, el viejo odio mantuano, que comparten los lacayos y adoradores de la burguesía, de la mercancía y el espectáculo, odio cocinado en la olla podrida de CNN con fuego de dólares quemados por el Departamento de Estado. Odio de raza y clase que llega con guarimba y Twitter a matar y aceptar que se mate, a la crueldad con el otro. Se piden campos de concentración y asesinato colectivo de chavistas, se caza al motorizado con alambres y se incendia la casa del vecino. Se dispara a matar, desde lejos y a mampuesto, contra los que no bajan la cabeza ante la prepotencia guarimbera. Se tala el árbol que dio sombra, se mata al perro que no le ladró a nadie. Los odios se visten de fuego y humo. La avenida brilla de vidrios rotos.

El pueblo, que ha compartido el poder sin agredir a los ricos, no cae en la trampa: siente que lo odian pero no odia, aguanta con sabiduría y disciplina… Ha recuperado sus derechos que antes eran privilegio de los ricos, y no se los va a entregar a nadie. El pueblo no odia porque está acostumbrado a la diversidad del barrio, a la exuberancia de la naturaleza. Es sabio y paciente. “Si se prende el peo, con Maduro me resteo”

ODIO IMPORTADO

Pero este drama no se representa sólo entre venezolanos: participan odios importados, endurecidos por el medio siglo de crueldad y muerte de Colombia. Aparece el paramilitarismo como vanguardia de una invasión de dolor y luto, con sus mandos y guerreros entrenados en la supresión del pueblo y el combate con los ejércitos guerrilleros. Los estudiantes de la primera hora dejan paso de los contratados por las alcaldías y las redes del micro-tráfico paramilitar. Se aprovechan de que el gobierno sigue tratando la violencia como “disturbio urbano” y se abstiene de usar armas letales. Del otro lado de la frontera esperan unidades completas listas para declarar como suyas zonas rurales “liberadas”, llevando el conflicto a otro nivel y así dañar las Conversaciones de Paz en La Habana. Del otro lado de la frontera está Uribe, el astuto abominable, tutor de los políticos malcriados de Caracas.

AUTORIDAD VIENE DE AUTOR

Pero ni unos ni otros asumen la paternidad, la autoría de la destrucción y muerte porque todo malo es cobarde y los que se atreven van presos. Los que secretamente han promovido y financiado la guarimba se presentan como voceros justicieros de multitudes espontáneas. Los mismos guarimberos, tiranos unos días de un par de calles, se ufanan: “no tenemos jefe”. Y aunque todos mienten, todos dicen, sin querer, la verdad: en la guarimba sólo manda el odio, el único capaz de llevar a tanta gente a la barbarie.

Decía Hermann Hesse, autor de mi generación: “Cuando odiamos a alguien, odiamos en su imagen algo que está dentro de nosotros”. Y es la única explicación: odian a la Venezuela que llevan dentro, a la verdadera con lo bueno y lo malo, porque preferirían que fuera más televisiva, mas Miss Mundo, más on-line, portátil, a la moda y fácil de entender. Sin tanta política, sin tanto rojo, sin tanta Patria. Los guarimberos repiten las consignas justificadoras que les dan payasos y payasitas por la televisión, pero en el fondo no están ni a favor ni en contra de nada. Simplemente le molesta que la verdad y la realidad sean una sola, la realidad compleja y moviente de un país en movimiento, una Patria. Venezuela los intimida y, dijo Bernard Shaw, “El odio es la venganza de un cobarde intimidado”. Por eso queman universidades.

rothegalo@hotmail.com

miércoles, 26 de febrero de 2014

Claves para entender el fascismo

Luis Britto Gracía


1. Hollywood representa el fascismo como pandilla de malencarados en uniforme que agitan estandartes y gritan órdenes. La realidad es más perversa. Según Franz Leopold Neuman en Behemoth: The Structure & Practice of National Socialism, 1933-1944, el fascismo es la complicidad absoluta entre el gran capital y el Estado. Donde los intereses del gran capital pasan a ser los de la política, anda cerca el fascismo. No es casual que surja como respuesta a la Revolución comunista de la Unión Soviética.


2. El fascismo niega la lucha de clases, pero es el brazo armado del capital en ella. Aterroriza a la baja clase media y la marginalidad con el pavor a la crisis económica, a la izquierda y la proletarización y las enrola como paramilitares para reducir por la fuerza bruta a socialistas, sindicalistas, obreros y movimientos sociales. Mussolini fue subvencionado por la fábrica de armas Ansaldo y el Servicio Secreto inglés; Hitler financiado por las industrias armamentistas del Ruhr; Franco, apoyado por terratenientes e industriales, Pinochet por Estados Unidos y la oligarquía chilena.


3. La crisis económica, hija del capitalismo, es a su vez la madre del fascismo. A pesar de estar en el bando vencedor en la Primera Guerra Mundial, Italia sale de ella tan destruida que la clase media se arruina y participa masivamente en la Marcha sobre Roma de Mussolini. En la elección de mayo de 1924, Hitler obtuvo sólo el 6,5% de los votos. En las de diciembre de ese año, sólo el 3,0%. Pero en las de 1928, cuando revienta la gran crisis capitalista, obtiene 2,6%, en 1930 gana 18,3%, y en 1932, 37,2%, con lo cual accede al poder y lo utiliza para anular a los restantes partidos. Pero el fascismo no remedia la crisis: la empeora. Durante Mussolini el costo de la vida se triplicó sin ninguna compensación salarial ni social.Hitler empleó a los parados en fabricar armamentos que condujeron a laSegunda Guerra Mundial, la cual devastó Europa y causó sesenta millones de muertos. Franco inicia una Guerra Civil que cuesta más de un millón de muertos y varias décadas de ruina; los fascistas argentinos eliminan unos treinta mil compatriotas, Pinochet asesina unos tres mil chilenos. Tan malo es el remedio como la enfermedad.


4. El fascismo convoca a las masas, pero es elitista. Corteja y sirve a las aristocracias, sus dirigencias vienen de las clases altas e instauran sistemas jerárquicos y autoritarios. Charles Maier, historiador, recalca que hacia 1927, el 75% de los miembros del partido fascista italiano venía de la clase media y media baja; sólo 15% era obrero, y un 10% procedía de las élites, los cuales sin embargo ocupaban las altas posiciones y eran quienes en definitiva fijaban sus objetivos y políticas. Hitler establece el “Fuhrer-Prinzip”: cada funcionario usa a sus subordinados como le parece para alcanzar la meta, y rinde cuentas sólo al superior. El Caudillo falangista responde sólo ante Dios y la Historia, vale decir, ante nadie.


5. El fascismo es racista. Hitler postuló la superioridad de la “raza” aria, Mussolini arrasó con libios y abisinios, y planeó el sacrificio de medio millón de eslavos “bárbaros e inferiores” a favor de 50.000 italianos superiores. El fascismo sacrifica a sus fines a los pueblos o culturas que desprecia. Los falangistas tomaron España con tropas moras de Melilla. Alber Speer, el ministro de Industrias de Hitler, alargó la Segunda GuerraMundial de dos a tres años más con la producción armamentista activada por tres millones de esclavos de razas “inferiores”.


6. Fascismo y capitalismo tienen rostros aborrecibles que necesitan máscaras. Los fascistas copian consignas y programas revolucionarios. Mussolini se decía socialista, el nazismo usurpó el nombre de socialismo y se proclamaba partido obrero (Arbeite); en su programa sostenía que no se debía tolerar otra renta que la del trabajo. Por su falta de creatividad, roban los símbolos de movimientos de signo opuesto. Los estandartes rojos comunistas y la cruz gamada, símbolo solar que enOriente representa la vida y la buena fortuna, fueron confiscados por los nazis para su culto de la muerte.


7.El fascismo es beato. Los curas apoyaron a los falangistas que salían a matar prójimos y fusilar poetas. El Papa bendijo las tropas que Mussolini mandó a la guerra; nunca denunció las tropelías de Hitler. Franco y Pinochet fueron idolatrados por la Iglesia.


8. El fascismo es misógino. La misión de las mujeres se resume en Kirche, Kuchen, Kinder, vale decir, iglesia, cocina, niños. Nunca figuró públicamente una compañera al lado de sus líderes; quienes las tuvieron, las escondieron o relegaron minuciosamente. Nunca aceptaron que una mujer ascendiera por propio mérito o iniciativa. Hitler las encerró en granjas de crianza para parir arios; Mussolini les asignó el papel de vientres para incrementar la demografía italiana, Franco y Pinochet las confinaron en la iglesia y la sala de partos.


9. El fascismo es anti intelectual. Todas las vanguardias del siglo pasado fueron progresistas: la relatividad, el expresionismo, el dadaísmo, el surrealismo, el constructivismo, el cubismo, el existencialismo, la nueva figuración. A todas, salvo al futurismo, las trató como “Arte Degenerado”. El fascismo no inventa, recicla. Sólo cree en el ayer, un ayer imaginario que nunca existió. El fascismo asesinó a Matteotti, encarceló a Gramsci, fusiló a García Lorca e hizo morir en la cárcel a José Hernández. Pinochet asesinó a Víctor Jara. Cuando oigo hablar de cultura, saco mi pistola, decía Goering. Cuando oigamos hablar de fascismo, saquemos nuestra cultura.

viernes, 27 de septiembre de 2013

Contradicciones y previsible descalabro: ¿De cuál legado de Chávez me hablan?

Por: Javier Biardeau | Viernes, 27/09/2013 12:00 PM | 
 
Es casi obvia la polémica sobre el llamado “legado de Chávez” en las páginas de Aporrea y en otros medios de difusión y comunicación.  La polémica es en parte derivada por puntos de vista disimiles, como por el uso de evidencia contradictoria: textos, discursos, entrevistas, decisiones e intervenciones del propio Chávez a lo largo de 22 años de entrada en la escena política desde la rebelión militar del 4 de febrero de 1992.

Con la salida física de Chávez de la escena política el 5 de marzo de 2013, quedan las diferentes interpretaciones de su legado político y los efectos materiales y textuales de su pensamiento y acción.
La revolución bolivariana, y lo que ahora llaman “chavismo”, se debate en la inmanencia de estas interpretaciones, en sus conflictos y acuerdos básicos.

El problema que se presenta con esta situación, es que son pocos y cada vez menos los espacios para dilucidar con rigor de pensamiento y un mínimo de ética política, tales interpretaciones y posicionamientos. Y si a esto se agregan dispositivos de censura y de monopolio del pensamiento autorizado de Chávez, el cuadro se complica gravemente.

En este marco, escuché hace algunas semanas atentamente al Ministro Merentes conversando con José Vicente Rangel, y la impresión final es que por “pragmatismo” debemos comprender la convivencia necesaria entre el capital privado y el Estado en función del “desarrollo nacional”, así como concebir una “economía mixta” que presente al “socialismo” como “distribución de la riqueza” sin afectar el cuadro de reglas básicas de la economía capitalista de mercado.

Es evidente que tales planteamientos son funcionales a una izquierda reblandecida, al reformismo de siempre, a la socialdemocracia y al desarrollismo del que viven los políticos y economistas “pragmáticos” y “realistas” de todos los pelajes.

No hace falta ser un especialista en análisis del discurso o de contenido para comprender que la audiencia objetivo de esa entrevista eran fundamentalmente los sectores empresariales y algunos sectores de las capas medias del país.

Asociar a Merentes con la resolución de los “cuellos de botella” de la economía y con la concertación de políticas entre Estado y sector privado es parte de un mensaje continuado que aparece en toda la orquestación mediática (oficial o no).  La narrativa de Merentes “el bueno” y Giordani “el malo”,  es otro de los cuentos mediáticos que se tragan las audiencias pasivas.

Por mi parte, observo estas narrativas como los efectos de las contradicciones de fondo sobre la clarificación de las ideas socialistas del gobierno de Maduro.

Probablemente,  sin la cobertura política e ideológica de la presencia de Chávez, del árbol sólo quedará decir: “por sus frutos los conoceréis”. El carisma de Chávez articuló  no sólo a un pueblo desencantado y desilusionado por el fracaso de la llamada cuarta República para abordar con éxito la “cuestión social”, la canalización de las luchas anti-neoliberales que ponían en riesgo la existencia misma de centros nacionales de decisión y las demandas de mayor democratización de las esferas de poder, sino que también también amalgamó con éxito un lamentable archipiélago de izquierdas, micro-fracciones y  algunos notables “independientes” cuyo mínimo común se había difuminado por otro legado: la derrota estrepitosa de la izquierda revolucionaria desde los años 60, y su debilidad electoral orgánica hasta la llegada de Chávez al gobierno.

Ese archipiélago de agrupamientos “arrimado” a Chávez bajo la tesis de que a “el que a buen árbol se arriba, buena sombra lo protege”, debe ahora enfrentarse desde sus propias fuerzas y capacidades a sus propias sombras y encandilamientos ideológicos.

Por cierto, si algo deben valorar de Chávez todos esos partidos, individualidades y organizaciones de izquierda es la de haberles dado la oportunidad de reposicionar ideas, prácticas y valores asociadas al antiimperialismo y al socialismo, en un cuadro de profundización de la democracia en la dirección del ejercicio directo de la soberanía popular. Ese guion estaba hecho trizas en los años 80 y 90. Sólo el llamado a una constituyente puso de nuevo sobre el tapete la combinación entre realismo político y fantasía utópica, sin la cual la política es sólo arte pragmático de lo posible para negociar una arena de intereses entre factores de poder.

Hugo Chávez, ya en un cuadro de complicación de su salud, llamó en el mes de diciembre del año 2012 a la unidad nacional y revolucionaria bajo el entendimiento de la probabilidad de ocurrencia de los peores escenarios. Y ocurrió lo peor.

Ya Hugo Chávez no está presente físicamente para intervenir directamente en el manejo de las contradicciones internas.  En este contexto, ¿habrá madurado el archipiélago de las izquierdas y de grupos aparentemente nacionalistas (que de izquierda parecieran tener poco), sobre cómo entender el manejo de las contradicciones en su seno, y en el seno del pueblo, tal como señaló en alguna oportunidad Mao?

La viabilidad de una era post-Chávez depende de la resolución de esa interrogante.

Por otra parte leí  con atención escritos de  Carlos Lanz quien insistía en los textos del “Programa de la Patria” y en el “Golpe de Timón” sobre dos objetivos centrales de lo que se sintetiza el llamado a “traspasar la barrera del no retorno” (es decir, bloquear cualquier intento de restauración del punto-fijismo y de la hegemonía del capitalismo): a) desmontar el Estado Burgués, b) romper definitivamente con la lógica del Capital.

Es claro que tomar la primera vía esbozada por Merentes en la entrevista con JVR, se convierte en algún momento y circunstancia precisa en una contravía para la interpretación de Carlos Lanz (entre otros que opinamos que en algún momento habrá que resolver la ecuación de poder que haga viable ese propósito; es decir, con cuales relaciones de fuerzas se supera el capitalismo y el Capital que por cierto no son exactamente lo mismo).  Al parecer aquí hay sectores que se han reconvertido en minimalistas y concertadores, y otros en maximalistas sin mediaciones con las relaciones de fuerzas concretas que presiden una situación.

Ciertamente, la “conciliación de clases” es un enunciado ausente de las consecuencias de seguir con coherencia una clara política revolucionaria de no retorno elaborada por Chávez.  La posibilidad del socialismo, como transición anticapitalista, se juega en el cuadro de los conflictos políticos de clase; y como señaló Gramsci en su clásico escrito sobre “El análisis de situaciones. Relaciones de fuerzas” (http://www.gramsci.org.ar/tomo4/065_analisis_situc.htm, existirán repercusiones incluso en el ámbito internacional y militar. ¿Quiénes pueden señalar que luego de los resultados electorales de abril, la correlación de fuerzas es ampliamente favorable para un acelerado tránsito a medidas radicalmente socialistas? ¿Quiénes están trabajando en función del fortalecimiento de este aspecto electoral de la correlación de fuerzas, y en otros aspectos organizativos, de movilización, políticos y militares de la correlación de fuerzas? ¿Quiénes están trabajando efectivamente en la unidad, articulación, acumulación de fuerzas revolucionarias?

Los documentos más recientes de “Marea Socialista”(http://www.rebelion.org/noticia.php?id=168369; http://www.rebelion.org/docs/172887.pdf), por su claridad de ideas, advierten sobre la perdida de rumbo de la revolución bolivariana ante el actual cuadro de política económica y sus indefiniciones sobre cuáles serían las medidas a tomar para clarificar el rumbo de la transición al socialismo y defender las conquistas de la revolución bolivariana. Sin embargo, el tema sustantivo sigue siendo cómo ir más allá del diagnóstico y pasar a la agregación de una voluntad colectiva nacional-popular que haga posible superar el actual cuadro de política.

Cabe reconocer que estas ideas no encuentran amplias resonancias en el chavismo popular, que sigue siendo un mar de orientaciones disimiles, de aspiraciones redistributivas, de consuelos reivindicativos, de agrupaciones con fuertes dosis de narcisismo cobijadas en el cuento de que dos singularidades son un “movimiento social”.  No hay partido alguno en el GPP que abandere sin mezquindades la unidad de propósitos a la que llamó Chávez en diciembre del 2012. Desde el más grandote al más chiquitico se observan signos de debilidad electoralista y sectarismos. Los mariscales de la derrota se hacen pasar por imitadores del gran estratega Chávez.

Además de corrientes como “marea socialista”, hay que reconocer un variopinto y numeroso conjunto de colectivos, fuerzas políticas, organizaciones y movimientos que son mucho más que un “saco de gatos”, que apuntan a mostrar su inconformidad frente a una opción que implique abandonar el “legado revolucionario” de Chávez en la actual coyuntura y que aspiran que existan reales espacios de debate y manejo colectivo de políticas y decisiones.

Se le critica a la alta dirección del PSUV y del Gobierno que no contribuya a construir una dirección colectiva del proceso, y se cuestiona que esta idea sea un mareo para que sea el mismo cogollo de siempre el que tome las determinaciones finales.

Por otra parte, gente que piensa evidentemente distinto en ciertos temas fundamentales, como Vladimir Acosta, Toby Valderrama o Nicmer Evans advierten sobre el extravío ideológico y político con relación al “legado de Chávez”; y paradójicamente tienen en rasgo común el que fueron sometidos al implacable tribunal de la censura por no acatar la línea política tácita y correcta del “oficialismo”; es decir, por criticar las acciones, discursos o decisiones del gobierno de Maduro pasaron a formar parte de una “desviación ideológica” que tiene evidentes consecuencias en su permanencia como voceros de opinión en espacios oficiales de la revolución.

Por cierto, el lenguaje de las “desviaciones ideológicas” se institucionalizó en la URSS en 1928 aproximadamente en un periplo que paso desde la liquidación de la “oposición obrera” a la liquidación de la “plataforma de oposición de izquierda”, para abiertos objetivos de control vertical de opiniones (desde ese momento “disidentes”) desde el aparato político (del Estado y del partido-único), disolviendo así el caldo de cultivo de la lucha entre tendencias, pues si toda opinión contraria al dictat del aparato es desviación, toda desviación es el preámbulo de la división y la traición. En fin, de allí al delito de “enemigos del pueblo” había una  lógica circular e implacable. Se pueden hacer algunas analogías con conductas de los funcionarios del aparato en Venezuela.

De manera, que la unidad anhelada por Chávez pareciera estar siendo echada por tierra desde arriba y desde las mezquindades también presentes desde abajo. Si no se constituyen mecanismos y espacios efectivos de debate entre opiniones y tendencias en función de la unidad de propósitos (encontrar el mínimo común de todas las fuerzas sociales y políticas que apoyan la revolución bolivariana), entonces los viejos errores del archipiélago de las izquierdas aparecerán con su sello de fábrica, y las consecuencias serán harto desastrosas.

Por otra parte, si no se parte del reconocimiento de las propias opiniones contradictorias de Chávez a lo largo de 22 años de trayectoria en la escena política, el legado revolucionario de Chávez enfatizará no la unidad de propósitos en función del cambio estructural de la sociedad venezolana, sino todas las fuerzas centrifugas que podrían explotarse para mostrar que “del árbol caído se hace leña”, utilizar a Chávez para justificar los propósitos propios de cada micro-fracción (aunque se llame PSUV); es decir, el “narcisismo de las pequeñas diferencias”.  No por pura casualidad, un anterior aliado, luego radical opositor llamo a la revolución bolivariana un “Minestrón ideológico” (Miquelena dixit)
Finalmente se respira un problema en el ambiente.  Sobre si Chávez era socialdemócrata o marxista, para poner  un ejemplo que pareciera estar en la palestra, podrían hacerse numerosas pesquisas, siempre que se clarifiquen los términos que se usan.

Esto último lo digo porque no era lo mismo ser socialdemócrata en 1905, por ejemplo, Rosa Luxemburgo y Lenin lo eran, que serlo en la actualidad, lo cual significa simple y llanamente “liberalismo social” y claro “reformismo”; es decir, administrar la gestión del capitalismo sin modificar sus estructuras.

Igual ocurre con el término marxismo: ¿Qué significar hoy definirse como “marxista”? ¿A cuál marxismo de todos los marxismos realmente existentes se hace referencia? Lamentablemente Chávez no está para que diga lo que piensa sobre estos temas.

De manera que hay situarse adecuadamente en circunstancias de tiempo, modo y lugar para desentrañar cómo cada actor utiliza sus marcos de interpretación, sus guiones ideológicos, como diría Umberto Eco, sus diccionarios y enciclopedias.

Sobre este último punto, siempre me llamaron la atención las líneas escritas de la entrevista de Sean Penn a Chávez en el año 2008 (http://www.prensadefrente.org/pdfb2/index.php/a/2008/11/30/p4232), como las declaraciones de Chávez en el año 2010 autodefiniéndose como cristiano y marxista (http://www.noticias24.com/actualidad/noticia/137694/chavez-ratifica-que-es-marxista-pero-ademas-dice-que-es-cristiano/).  En la primera entrevista es posible leer:

“Hitchens está sentado en silencio, tomando notas durante toda la conversación. Chávez reconoce un brillo escéptico en sus ojos. –CRÍS-a-fer, hazme una pregunta. Hazme la pregunta más difícil. Ambos comparten una sonrisa.  Hitchens le pregunta:  –¿Cuál es la diferencia entre usted y Fidel?”.  Chávez dice: –Fidel es comunista, yo no. Yo soy socialdemócrata.  Fidel es marxista-leninista.  Yo no.  Fidel es ateo.  Yo no.  Un día discutimos sobre Dios y Cristo. Le dije a Castro: “Yo soy cristiano.  Creo en los Evangelios Sociales de Cristo". Él no. Simplemente no cree. Más de una vez Castro me ha dicho que Venezuela no es Cuba, que no estamos en los años sesenta.  –Ya ve –dice Chávez–. Venezuela tiene que tener un socialismo democrático. Castro ha sido un profesor para mí. Un maestro.  No en ideología, sino en estrategia.”

En el segundo documento (audiovisual), Chávez, plantea en el marco de una particular interpretación de la metáfora del despegue económico (¿Rostow dixit?) en el marco de la crisis del capitalismo que: “Yo soy marxista y soy cristiano, y creo que el marxismo y el cristianismo pueden ir agarrados de la mano por el camino del hombre, del ser humano, de la dignidad de los pueblos”.

De manera que es muy difícil no darse cuenta que es posible explotar estas opiniones de Chávez para fines particulares que apoyen o la tesis de la socialdemocracia en Chávez o la tesis del marxismo revolucionario, incluso de no ser enemigo de la revolución comunista aunque en estos momentos eso no este planteado como señaló en otras entrevistas (¿O es que caso Marx no era básicamente un pensador comunista?).

El asunto principal, sin embargo, no es sólo este, sino clarificar las intencionalidades políticas que se están moviendo tras la escena en función de fortalecer o no la unidad de propósitos para continuar el legado revolucionario de Chávez; o quienes realizan una operación de distorsión deliberada de la dirección, contenido y alcance dado a la revolución bolivariana de acuerdo a la coherencia del mensaje de campaña de Chávez para conquistar su última victoria en octubre de 2012. ¿O es que acaso no hay diferencias ostensibles entre la campaña del 2012 y la campaña del 2013?  He allí el asunto.

Por tanto no me hablen del “legado de Chávez” como fórmula imprecisa, con criterio de mescolanza ideológica, sino del legado revolucionario de Chávez como orientación final hacia la Democracia socialista y hacia una economía de transición caracterizada como mixta pero con carácter socialista (con predominio de la propiedad social directa e indirecta sobre el gran capital y sobre sus fracciones especulativas, por ejemplo), no de carácter predominantemente capitalista como la que se apuntala con el cuadro de política económica, desarrollismo y reformismo que patéticamente aparece en la praxis efectiva de la política pública del presente.

No me enreden las palabras, por favor.  Como tampoco nos hagamos los locos celebrando que nos presten 5 mil millones de dólares Chinos (por cierto, una China socialista que puede apoyar la revolución bolivariana como no hacerlo, como hicieron con Allende y luego apoyar a Pinochet, no olvidemos) para correr la arruga, cuando no sabemos aún  a quienes les dimos 20.000 millones dólares en el SITME en el año 2012 y donde están los reales beneficios de esta masiva transferencia de divisas.

Lo demás son cuentos, imaginarios, simulacros y espectáculos de la orquestación mediática que ya todos conocemos (¿O acaso Chávez no incito a decodificar críticamente los medios, incluso los medios oficiales?). Tampoco manoseen tanto a Chávez para fines de legitimación de una secta, un grupúsculo o fracción que se enarbola como la auténtica voz revolucionaria. Eso es síntoma de naftalina revolucionaria, un síntoma de no haber metabolizado la derrota de los años 60.

En fin de cuentas y de cuentos, no creo que el legado revolucionario de Chávez pueda tramitarse como un vulgar “Pote de Humo”.  ¿Están contribuyendo a la unidad y acumulación de fuerzas?
Ojala rectifiquen todos, pues sin rectificación habrá razones de sobra  para tomar distancia del previsible descalabro.  Y no busquen chivos expiatorios.  Saquen del baúl las tres R, las seis R o sólo una R: Revolución, no rapiña sobre los recursos públicos.