domingo, 21 de mayo de 2017

Recuperar la Legitimidad en la Política



La Crisis de dirección del Chavismo y la crisis de legitimidad en la Política

Por: Sergio Sánchez

Primero quiero aclarar que escribo este artículo para los chavistas, para los revolucionarios, desde nuestras categorías, narrativa y concepciones del mundo.

“O son ellos o somos nosotros” es una expresión que se escucha en pasillos de ministerios tan igual como en alcaldías. Supone está afirmación común que existen dos bloques históricos en pugnas bien definidos y puros, los proletarios y explotados (nosotros) y los explotadores (los "escuálidos"). Así, muy a la visión eurocentrista se avanza asumiendo que las Fuerzas productivas están bien desarrolladas y desbordadas y por tanto, de lo que se trata es de aquello que planteó Marx para Inglaterra, Francia, Alemania y EEUU (por reunir esta condición), tomar los medios de producción y ponerlos bajo control de los obreros.

Con estas premisas hacer política es fácil, ya que no hay Formación Económica Social con diversos modos de producción mezclados, ni hay bloques históricos de clases agrupados. Es al antagonismo pleno de clases, tal cual cómo lo ve el marxismo congelado (el dogma). Bajo esa lógica, nosotros los Chavistas, somos los buenos y los "escuálidos" todos son los explotadores, malos y locos (por eso juegan con pupú).

Bueno, esa es una racionalidad muy básica y reduccionista del problema. Sin embargo, siendo consecuentes con esta postura, deberíamos asumir íntegramente el escrito de Atilio Borón (donde llama dejar de lado la tolerancia) y salir a reprimir con todo a los opositores. Al final, según este análisis, solo son pequeños grupos de burgueses, y como dice Pablo Milanés "no me dan pena los burgueses vencidos".

Siendo coherentes con este planteamiento, exijámosle al Gobierno que acabe ya, por la fuerza, con estas puntuales e insignificantes insurrecciones burguesas y que los aprese a todos. Que disuelva ya la Asamblea Nacional Burguesa, que cierre los medios de comunicación que critican al Gobierno pues, como los Bloques de clases están bien definidos, aquí no hay confundidos sino agentes del imperialismo.

Sin embargo, haciéndonos algunas preguntas en un nivel un poco más profundo del análisis, ¿Porque no hay nadie en su sano juicio del alto Gobierno que esté pidiendo esto?, Porque si al Gobierno se le ocurriera utilizar fuerza letal contra todos los manifestantes que estén en la calle se generaría un rechazo de los militares, policías, dirigentes del Chavismo y hasta el mismo Pueblo Chavista, ¿Qué hay en el fondo de esta situación, o más bien, que no hay en el fondo?

Lo que no hay, y es un secreto a voces, es LEGITIMIDAD para hacerlo. Esta medida no gozaría del apoyo de la inmensa mayoría del Pueblo civil y militar chavista. ¿Y por qué no hay legitimidad en esa medida? Porque todo el mundo sabe que no es cierto que existan dos bloques de clases bien definidos como el discurso del Gobierno sostiene. Existen dos polos que, con un discurso extremista, se disputan el poder y el control de la menguada renta. Uno confrontado con el Gobierno Norteamericano y otro invocando la intervención extranjera. Pero en su seno, ambos bloques tienen diversas expresiones e intereses de clase. Esto es fundamental entenderlo para caracterizar a las fuerzas en pugna. No solo se trata de los discursos, sino de las composiciones de clases internas. Es más, la dirección del Estado hoy en los municipios, estados y nacional, en todos los estamentos, está controlada en su mayoría, por burgueses y una pequeña burguesía que no creen ni están construyendo un proyecto clasista. Eso es hora de admitirlo. ¿O hay alguien que se atreva a decir que es el Proletariado quien dirige el poder en los municipios, los estados, los ministerios, las empresas del estado, etc? Esto es un tema central en la caracterización de los bloques en pugna.

Igualmente hay una comprensión absolutamente mayoritaria en el Pueblo que la corrupción, el burocratismo y la prepotencia han hecho metástasis en el Gobierno. Ninguna persona seria podría negar esto hoy.

Ambas condiciones, de clase y moral, han distanciado enormemente a la dirección del PSUV del Chavismo. Si bien los chavistas somos antimperialistas, reivindicamos la justicia social y la democracia participativa, tenemos profundos cuestionamientos a la dirección actual del Gobierno, que vive y gobierna en condiciones muy diferentes a las de nuestro pueblo. Muchos de sus hijos están en el exterior, no padecen la crisis para la cual nos exigen que aguantemos con “lealtad”. Luego, esta dirección cuestionada desde el chavismo, también es cuestionada desde la Oposición. De allí que aparezca sobre el escenario el problema de la legitimidad en la política. 

Por estas razones nadie se atreve a pedir lo que, coherente con el discurso de los bloques de clase bien definidos, deberían pedir: acabar YA, por la fuerza, con esta insurrección. En el fondo saben que, del otro lado, si bien es cierto hay una dirigencia comprometida con los EEUU y con el Neoliberalismo, también hay millones de trabajadores que legítimamente, y aun no apoyando la violencia, si están reclamando reivindicaciones en las que tienen razón, prácticas de este Gobierno que son absolutamente antagónicas al socialismo y que han generado profundas rupturas con el movimiento campesino, obrero, comunal, estudiantil, etc. Reconocerlo es el primer paso para poder reunificar al Chavismo. La negación de esta realidad es el camino de la mentira, camino que no es revolucionario ni permite reconstruir unidad.

Entonces, si somos honestos en el debate, en cinco minutos nos pondremos de acuerdo en que no hay legitimidad para acabar con el adversario por las armas de la FAN y Policías, y mucho menos existe la unidad y fuerza para tal acción. Por el contrario, el adversario del Gobierno se muestra escalando en el conflicto, convirtiéndolo en guerra de desgaste, bajo el esquema maoísta de “guerra de todo el Pueblo” y con una moral combativa altísima, llena de ira y de odio (véase lo que está ocurriendo en las zonas andinas).

Aquí estamos ante una encrucijada: o asumimos que somos los buenos, ellos los malos e IMPONEMOS La Paz con la GNB, coherentes con ese discurso, o asumimos que la confrontación PSUV-MUD no es equivalente a Proletarios-Explotadores y entendemos que es Pueblo contra Pueblo confrontado, AUNQUE EN CADA POLO HAYA empresarios, explotadores, choros, oportunistas y traidores a la patria, ASI COMO en cada Polo hay proyectos capitalistas, de Estado y Neoliberal respectivamente, pero capitalistas ambos. La única diferencia es que uno de los polos enfrenta (en discurso al menos) las pretensiones norteamericanas de colonizarnos (y decimos en discurso porque en la Faja Petrolífera del Orinoco, así como en el arco minero, se les han abierto las puertas a estos capitales, y hasta se financió la campaña del actual presidente de EEUU), mientras el otro polo es apoyado por estos intereses abiertamente.

El asunto de fondo es que no hay camino fácil para unir a los trabajadores, campesinos, comunidades, estudiantes, cultores y amas de casa en un nuevo Bloque Histórico para esta crisis estructural del modelo rentista. Y no es fácil, pues millones de ellos están convencidos en que el Gobierno no defiende sus intereses ni los incorpora en la Gobernabilidad, además ya no tienen tiempo para seguir esperando que eso ocurra, pues la crisis económica los tiene contra las cuerdas. Ellos ven, en medio de una crisis de dirección profunda y ante la falta de referentes patriotas y populares MORALMENTE INCUESTIONABLES, a un grupo de empresarios y pequeñoburgueses dirigiendo una lucha contra el Gobierno. Dicen, "no creo en estos de la MUD pero debemos sumar todo contra la dictadura que no me reconoce ni dialoga conmigo. Una vez caído el Gobierno, buscaremos opciones". Eso se les escucha a las masas opositoras en la calle. En Maracay, por ejemplo, los dirigentes de la MUD pasan en medio de los marchistas y la gente los ignora. Esto es vox populi.

Que más evidencia queremos de que estamos en presencia de una profunda crisis de dirección y de legitimidad, con el agravante de que hay una fuerte unidad en contra del Gobierno y un alto apoyo de masas (por el odio existente) a corrientes fascistas. Es una bomba de tiempo que hay que desmantelar con inteligencia y rapidez.

Entonces, en esta encrucijada de caminos difíciles, solo se puede ganar la paz, frenar una guerra y pasar a la ofensiva, refundando una nueva dirección con intereses nacionales, soberanos, que reivindique la justicia social y de sólida moral reconocida por todos los trabajadores del país, es decir, los millones de Chavistas y Opositores de base (trabajadores opositores al Gobierno) que no se reconocen en las altas direcciones de la MUD ni del PSUV. Pero, como esto no se hace en un mes, el primer paso que debe dar el Gobierno (y forzar a la MUD a hacerlo con inteligencia) es RECONOCER la existencia del otro, abrir espacios de diálogo, NO IMPONERLOS (como la Constituyente o las elecciones Generales), cambiar ya el lenguaje retador, humillante y soberbio, reconocer errores, cesar las persecuciones y censura de los sectores críticos, publicar el cronograma electoral CONSTITUCIONAL para abrir cauces democráticos como válvulas de presiones y ampliar la mesa de diálogo con todos los sectores sociales. Mientras se dialoga y se acuerda con los sectores democráticos de la sociedad opositora, se van aislando y reduciendo a los sectores vandálicos y reaccionarios.

¿Estas medidas acabarán las acciones terroristas de las fuerzas reaccionarias? NO, absolutamente NO, seriamos unos ingenuos si creemos eso. La reacción tiene una agenda propia MUY diferente al de las inmensas mayorías de Venezuela, pero estas medidas si le quitarán base social a esta corriente. En este sentido, la idea de una Constituyente para el diálogo nacional es correcta en espíritu, pero no procedimentalmente. Un diálogo no se impone. En este momento imponer, desde una dirección con severas críticas morales, es tensar los conflictos y avanzar hacia una guerra civil.

Tampoco la solución es un diálogo de cúpulas que no se reconocen entre sí, ni representan a los grandes sectores nacionales que conforman el país. La solución es un gran diálogo nacional, amplio, en donde todos nos sintamos representados. Un espacio legítimo. Si la MUD se niega a dialogar con los grandes sectores nacionales se aislarán. Pero los gremios, los campesinos, los trabajadores, los empresarios, los pescadores, los cultores, los estudiantes, los adultos mayores, los comerciantes, los ganaderos, los comuneros, etc. si quieren dialogar. Tienen problemas que quieren resolver y necesitamos encontrarlos juntos para eso. Por el contrario, si se impone una Constituyente y la mayoría del Pueblo de Venezuela no participa ni cree en ella, esto sería un acto de soberbia y desespero que empeorará todo.

Aquí la política debe entender que las propuestas legítimas, incluyentes y democráticas son las que destrancarán el escenario, no así las maniobras ejecutadas con la fuerza que da el control del estado o las maniobras ejecutadas con la fuerza del apoyo internacional.

Construyamos una propuesta legítima, para ello tenemos una maravillosa consigna guía: Con el Pueblo Todo, sin el Pueblo Nada. Estamos a tiempo

miércoles, 10 de mayo de 2017

Extremos Gritan: “Con mi Guerra no te Metas”


O de la necesidad de liberarnos de las bajas pasiones que nos apresan
 

“Si suponemos al hombre como hombre y a su relación con el mundo como una relación humana, sólo se puede cambiar amor por amor, confianza por confianza, etc… si se quiere ejercer influjo sobre otro hombre, hay que ser un hombre que actúe sobre los otros de modo realmente estimulante e incitante. Cada una de las relaciones con el hombre -y con la naturaleza- ha de ser una exteriorización determinada de la vida individual real que se corresponda con el objeto de la voluntad. Si amas sin despertar amor, esto es, si tu amor, en cuanto amor, no produce amor recíproco, si mediante una exteriorización vital como hombre amante no te conviertes en hombre amado, tu amor es impotente, una desgracia”
Karl Marx, Manuscrito económico-filosófico de 1844

“Perdonar es el valor de los valientes. Solamente aquel que es bastante fuerte para perdonar una ofensa, sabe amar”
Mahatma Gandhi


Ayer publicaba en mi Facebook una breve nota donde manifestaba que había que reducir el conflicto social, que necesitábamos bajar las pasiones, reconocernos y respetarnos a pesar de las profundas diferencias que teníamos. Que a nadie le convenía una guerra civil.

Inmediatamente comencé a recibir insultos y amenazas de algunos amigos opositores. Incluso me culpaban de la muerte de personas en las manifestaciones, a mí, que vivo en la pequeña ciudad de Turmero y no tengo nada que ver con esas marchas, e insistían en señalarme como corresponsable de casos de corrupción de diferentes ministerios en donde ni siquiera he trabajado. Algunos llegaron a plantear que me buscarían cuando cayera el Gobierno para ajusticiarme a mí y a mi familia. No valió la argumentación fraterna que use ni la apelación a las buenas memorias lúdicas. La intención de acabarme se mantuvo. Otros amigos opositores intentaron mediar y defenderme y por poco los meten también en su lista de “asesinatos pendientes”. Este nivel de odio, más que generarme rabia me genera una profunda preocupación, pues se ha instalado en muchos venezolanos la idea irracional de que la salida a todos los problemas que tiene el país es eliminar al contrario.

Sin embargo, lo que más me sorprendió es que mientras algunos amigos opositores me insultaban por Chavista, algunos amigos Chavistas comenzaron a insultarme por traidor. Me decían que mi discurso de respeto y llamar al reconocimiento del otro, no confrontaba como el discurso del Gobierno y sino estaba con el Gobierno era su enemigo. También aquí intervinieron algunos camaradas planteando que yo era un revolucionario y solo llamaba a la calma y les dijeron cosas como “están sospechosos”, “andan guabineando”, “terminen de saltar las talanqueras”. Es decir, quien llama a la racionalidad, a no fomentar el odio, a desmantelar el discurso humillante y provocador, a debatir con respeto nuestras profundas diferencias, a solo reivindicar las contradicciones concretas entre proyectos y desplazar las bajas pasiones de los debates, somos automáticamente traidores. El argumento que priva en estas posturas es “estás conmigo o estás en mi contra”, muy parecido a los que dijo George Bush luego del ataque a las torres gemelas. Igualmente, lejos de molestarme me hace caer en cuenta que también en el Chavismo hay un sector extremista que milita en el sectarismo y el fanatismo. Y ni de qué hablar de hacer alguna crítica, allí ya soy “agente de la CIA” y “divisionista”. Si uno les señala la actitud incorrecta, alegan que obedecen al proyecto de la “La lucha de clases”, ignorando que el proyecto histórico que surge de la lucha de clases no tiene nada que ver con el odio y el revanchismo, sino con el amor, el respeto, la conmiseración, la solidaridad y la justicia.

Si en algo coinciden ambos extremos (diferenciando extremismo de radicalidad por supuesto) es en concebir como principio del ejercicio del poder la desaparición del oponente. Si bien los Socialistas luchamos por la extinción de la burguesía como clase que vive del trabajo de los trabajadores, no reivindicamos el exterminio del que nos lleve la contraria. Luego, debemos admitir que estos extremos terminan encontrándose en esta retrasada conclusión. Aquí, fascismo y stalinismo comparten este principio del exterminio del contrario.

Fuera de estos dos extremos, vive, existe una gran masa chavista y opositora de trabajadores, de maestros, de profesionales, de campesinos, de estudiantes, de emprendedores, entre otros, que no quieren sumarse al llamado de exterminio del contrario promulgado por muchos líderes. Reconocen que tienen diferencias, reconocen que hay antagónicas concepciones del mundo, que tenemos gravísimos problemas, pero aún se resisten a sumarse a una confrontación civil porque creen que nuestra Constitución da herramientas para resolver estos conflictos. Al respecto Javier Biardeau dice:

“Hemos venido advirtiendo, hay sectores del chavismo oficial que miran ya con recelo cualquier hecho electoral universal, directo y secreto… No hay que ser ciegos para darse cuenta que hay sectores de la oposición que se niegan a apaciguar el conflicto por canales institucionales… De manera que hay un pacto tácito entre sectores extremistas de lado y lado para mantenernos como rehenes de la guerra de desgaste… El gran derrotado de la guerra de desgaste es el pueblo democrático, con toda su multiplicidad y pluralidad”

Coincidiendo con Biardeau, afirmamos que ésta confrontación de extremos, en donde se mezclan intereses antagónicos con mucho de bajas pasiones, ha generado lo que Gramsci denominó como empate catastrófico para ambas fuerzas, dejando a la gran mayoría del Pueblo huérfano de dirección en medio de la peor crisis económica de Venezuela en décadas. Mientras, las direcciones actuales se debaten entre Elecciones Generales vs Guerra, y Constituyente vs Guerra, la mayoría del Pueblo se debate en qué y cómo hacer para sobrevivir.
Este escenario es profundamente explosivo, y es una irresponsabilidad que, en medio de una sábana llena de pasto seco, se siga fomentado un discurso incendiario, irreflexivo, intolerante, sectario, retador e irrespetuoso. Entendemos que los sectores fascistas lo hagan (que no son la mayoría de los millones de opositores), pero no se puede justificar por parte de los sectores que se hacen llamar democráticos y menos de los Chavistas. En ninguna parte de los clásicos del socialismo se reivindica o se hace apología a la guerra, y mucho menos estando en el poder. La guerra civil solo favorece a las grandes potencias, que entrarán en ese contexto a repartirse la Faja Petrolífera del Orinoco mientras nos matamos en las ciudades principales.

Partiendo de esto afirmamos que la contradicción principal táctica en este momento en el plano económico es el hambre, y en el plano político es la guerra civil. Son estas contradicciones las que se convierten en las amenazas inmediatas para abortar el acumulado de conciencia, organización popular y el marco jurídico constitucional, que conforman la base sólida de la construcción de una sociedad futura libre de injusticias. 

Luego, esa sociedad futura que vamos a construir, para lo cual primero debemos estabilizar la economía, parar el hambre y detener la guerra civil, inexorablemente existirá si se edifica absolutamente soberana de cualquier otro imperialismo y unida a la Patria Grande, es decir, si supera la contradicción estratégica principal entre los estados nacionales y los estados transnacionales representantes del gran capital. Entender esta diferencia entre táctica y estrategia nos hará encontrar una hoja de ruta para salir del laberinto actual que produjo el colapso del modelo rentista, el canibalismo económico y político, y la profunda crisis moral, teórica y de dirección que estamos atravesando.

El Chavismo existe y va a seguir existiendo por decenas de años. Igualmente existe la oposición y seguirá existiendo. Jamás lograremos la paz, que es vital para estabilizar la economía, sino llegamos a unos acuerdos mínimos. Jamás reduciremos el odio y la guerra con más odio y más guerra. Esto no significa renunciar a los principios que defendemos. Esto no significa claudicar o traicionar. Hay abundante experiencia histórica exitosa de tácticas defensivas manteniendo los objetivos estratégicos. Al contrario, esto significa reivindicar la democracia, el reconocimiento y respeto del otro, y sobre todo, la soberanía nacional como capacidad de resolver nuestros propios problemas.

Y es que más allá de los antagonismos de los proyectos, que deberán dilucidarse en los años por venir y a nivel del plantea tierra, somos seres humanos, somos madres y padres, hijos, hermanas que existimos, que soñamos, que aspiramos realizarnos como individuos, que nos duele hasta el que no conocemos, que deseamos que se nos respete, que se nos diga la verdad y se nos reconozca como personas con derechos y deberes. Por eso, más allá de las expresiones militantes en las bajas pasiones, del “al Guaire lo que es del Guaire” (https://goo.gl/vL35mo) y del “matemos a todos los Chavistas”, hay un Pueblo solidario y amante de la paz con justicia, con una profunda dignidad y rebeldía. Un Pueblo que liberó cinco naciones, un Pueblo espiritual, que se reivindica en los ejemplos de sacrificio, de hermandad y perdón de los múltiples cristos del alma. Todo eso está allí, en la conciencia y la espiritualidad venezolana. Un líder debe recordar y partir de estos valores si quiere construir patria.

Lo más fácil, lo más seguro en este momento, es ceder en principios y sumarse a alguno de los extremos. Lo más difícil en cambio, lo que exige mayor valor y comprende mayores riesgos, es decir la verdad, defender los principios y defender la humanidad, fuera de esos extremos, desnudándolos, negándose a tocar sus tambores de guerra. Por mi parte, me niego a contribuir a este acelerado callejón sin salida. Me niego a tener que odiar para ser aceptado en un extremo u otro. Tengo mis convicciones muy claras desde hace decenas de años y no las voy a alterar. Seguiré dedicándome a la construcción de una sociedad más justa y respetuosa de la vida, pero no me prestaré para que, en nombre de ese proyecto estratégico, se sacrifiquen las grandes reformas democráticas que hemos logrado como Pueblo, para atender los guerrerismos y apetencias grupales de atornillarse o arrebatar el poder (http://contrapunto.com/noticia/keymer-avila-aca-todos-estan-ocupados-en-mantenerse-en-el-poder-o-en-arrebatarlo-134738/), fuera de toda legitimidad popular. Nadie puede estar por encima del Pueblo todo ni de la Constitución. Dentro de la Constitución Todo, fuera de ella nada (https://goo.gl/YsXTpV).

Es momento de los grandes estadistas. Es momento de superar la adolescencia política y poner en un primer orden las prioridades nacionales y de supervivencia del proyecto histórico de justicia. Los líderes políticos tienen la principal responsabilidad y el poder de evitar esta guerra. Deben tener el valor de hacer lo correcto, aun cuando sus seguidores lo cuestionen. Es hora de apagar las llamas, abandonar el discurso incendiario y reconocer y respetar el adversario, a pesar de las profundas y antagónicas diferencias que se puedan tener. Debemos regresar a la constitución y al dialogo amplio con todos los sectores sociales, respetando acuerdos. La guerra no es el camino, es la trampa que debemos evitar. El respeto y reconocimiento, siempre dentro de la constitución, es la vía para entendernos y poder construir una gran patria justa, soberana, productiva, solidaria, segura y democrática para todos.

No olvidemos que somos venezolanos, somos los “compadres”, las “comadres”, los “hermanos”, los “maestros”, las “doñitas”, los “buenos días mi gente”, las “mi vida”, los “Dios te bendiga” que conformamos esta extraordinaria tierra mágica que florecerá nuevamente. La historia nos demuestra que tenemos con qué.

@SergioTurmero