sábado, 16 de julio de 2016

La Actual Coyuntura y el Programa Mínimo



Por: Sergio Sánchez

La actual coyuntura Económica y política del país nos ha generado muchas confusiones sobre el que hacer de los revolucionarios. Unos se vuelven más sectarios e invocan purgas, otros se achinchorran y se esconden, unos plantean criticas demoledoras y desoladoras, otros se esperanzan en una polarización, otros se radicalizan, otros comienzan a reivindicar la libre competencia. En fin, sin lugar a duda estamos en una coyuntura bastante difusa y desorientadora, que demuestra, cuando menos, una profunda crisis teórica.

Lo primero que a mi juicio debemos acordar es si estamos en una situación ofensiva o estamos en una situación defensiva. De este acuerdo derivan las tácticas de la coyuntura ya que la estrategia siempre será la misma: Construir una sociedad socialista basada y con la organización y conciencia de la inmensa mayoría del Pueblo trabajador y latinoamericanista. Sin lugar a dudas, con los resultados del 6 de diciembre y con la caída de los precios del Petróleo la revolución pasó a una etapa defensiva. Por un lado, circunstancialmente la mayoría del Pueblo Venezolano sancionó al Gobierno revolucionario y por otro, las iniciativas de profundización de la revolución se han detenido para poder concentrar los pocos recursos en la subsistencia básica de la nación.

La revolución Bolivariana se sustentó económicamente en una política de defensa de la renta petrolera (política iniciada en el Gobierno de Medina Angarita y abandonada en el segundo Gobierno de CAP). Esta defensa de la renta Petrolera logró elevar a niveles históricos y por varios años el precio del barril. Los contingentes recursos que comenzaron a entrar a la república permitieron el desarrollo de la política de la inclusión y la redistribución de la riqueza petrolera, el desarrollo de misiones para saldar la inmensa deuda social en educación, salud y vivienda, el desarrollo de una inversión importantísima en infraestructura nacional y de servicios, pero estos recursos también permitieron el incremento de la burocracia del estado y de la apropiación mafiosa de capitales (corrupción).

Esta situación de alto ingreso nacional y grandes movimientos de masa monetarias atrajo también incremento de inversiones y del comercio. En los años 2006 al 2012 el hambre desapareció del país y nos volvimos grandes consumistas. Pasamos a ser el país con el consumo per cápita más alto de BlackBerry del mundo, por ejemplo. Muchos dirigentes del chavismo señalaban en TV como indicadores de avance socialista, que las vitrinas de los comercios de Centros Comerciales estaban vacías por la alta demanda de mercancías que no se daban abasto de traer los exportadores. Hasta creamos un Plan de vehículos particulares para las familias. El Estado importó equipos de línea blanca de alta calidad, de sonido y video. En fin, se asumió una máxima: Mientras más consumo más Socialismo.

Pero el imperialismo, que es riguroso en el estudio de procesos sociales de liberación para destruirlos, detectó que la base de la revolución Venezolana como la afectación de todo este bloque latinoamericano y caribeño estaba en los altos precios del Petróleo y actuó en consecuencia (Libia, Irak, Siria, cese de sanciones a Iran y Fracking). Igualmente debemos señalar que estos altos precios del petróleo mundial permitieron el desarrollo tecnológico de otras fuentes alternativas de energía sumado al aumento de la eficiencia en el uso del combustible fósil. Todo esto permitió la caída estable de los precios del petróleo y por tanto la caída del ingreso de dólares a Venezuela que representaba el 97% de todos los dólares que entraban al país. Son apenas obvias las dramáticas consecuencias si el barril pasa de 120 $ a 35 $, con un costo de producción que está entre los 12 y 17 $ para Venezuela.

Es en esta situación, que los intentos infructuosos de la burguesía internacional y nacional de desestabilizar la economía Venezolana desde muchos años atrás comienzan a tener efectos dramáticos: aumento injustificado del riesgo país, bloqueo de inversiones, campaña internacional de descrédito, soborno de funcionarios para aumentar la ineficiencia y la corrupción, desabastecimiento planificado, ataque a la moneda, entre otros. A este se le suma la especulación, acaparamiento, bachaquerismo y contrabando, practicas típicas del espíritu capitalista, así como la descomposición moral de parte de la burocracia del estado lo cual se expresa en la corrupción e ingobernabilidad. Todo esto configura un cuadro de crisis estructural del modelo económico rentista y dependiente de Venezuela, que afecta sensiblemente las correlaciones de fuerzas políticas y la unidad del Chavismo. Dicho de otra forma, siempre el Capital nacional e internacional trata de destruir cualquier proceso de liberación nacional con perspectiva socialista pero la fortaleza que nos daba los altos precios del petróleo hizo que la dirección del proceso descuidara una orientación estratégica de tiempos de Medina Angarita: Hay que sembrar el petróleo. Ahora hay que producir sin contar con la bonanza petrolera.

Frente a esto, se ha levantado desde el Gobierno una orientación estratégica correcta: Venezuela necesita convertirse en un país que sostenga su realización como nación en la producción del campo, de la industria y de los servicios fundamentales. Esta orientación que ya es sentido común de los venezolanos de todos los colores (cosa tremendamente positiva), aún carece de un Plan Económico para su desarrollo. No se han caracterizado los niveles de dependencia, el estado desconoce cómo se forma el valor de las mercancías, se carece de instrumentos de información precisa sobre el aparato productivo y el uso de tecnologías (y por tanto de los patrones de dependencia), no existe un cuerpo de indicadores consolidados sobre el encadenamiento productivo nacional y los flujos en cada eslabón, se desconoce el nivel de vulnerabilidad de nuestra economía en cuanto a dependencia de insumos y tecnología de acuerdo al país de donde provengan, no se ha debatido aun cuales deben ser los patrones de consumo sanos y posibles para nuestra población para, en base a esto, iniciar un desarrollo de la agroindustria, no se cuenta con instituciones preparadas para asumir la rectoría del desarrollo productivo, especialmente el industrial, en fin, estamos desnudos y apenas se comienza a comprender. Queda claro ante este escenario, que estamos por tanto en una situación defensiva. Cabe dejar una pregunta abierta ¿Podríamos avanzar en la transición socialista prescindiendo de la Ciencia y la tecnología?

Dicho esto debemos pasar a evaluar brevemente las condiciones objetivas y subjetivas para el desarrollo de la revolución. En cuanto a las condiciones objetivas debemos señalar que se acrecienta el descontento en la población civil y militar, producto de la escasez de insumos básicos y la perdida de esperanza. Aumentan las protestas. Hemos perdido la hegemonía política de la cual gozábamos en sectores populares. Esta crisis que es bien concreta, configura una situación explosiva que podría sumar a grandes sectores de la población civil y militar a opciones reaccionarias.

Desde el punto de vista subjetivo la situación es más compleja. No contamos con un partido capaz de asumir las riendas del país en cada rincón donde se está librando la lucha de clases. La desmoralización, el clientelismo, el autoritarismo, la ausencia de debates profundos, la crisis teórica, la intolerancia a la crítica y el sectarismo, han alejado considerablemente al partido de las bases del Chavismo y lo han debilitado. Buena parte de los cuadros de dirección que hemos puesto al frente de la economía (ministerios, empresas del estado, corporaciones), ya sea por ineficiencia, desconocimiento, indolencia o corrupción, han llevado a la quiebra a buena parte de las empresas en manos del estado. Los miles que hemos venido haciendo críticas internas hemos sido excluidos y en algunos casos calumniados para anular cualquier posibilidad de transformación. Esto imposibilita al PSUV de convertirse en el catalizador y orientador del posible estallido social en este momento. Finalmente el problema de las condiciones Subjetivas ese basa en  las debilidades de los cuadros de Dirección y de la crisis teórica que padecemos desde la muerte del Comandante Chávez. ¿Qué debemos hacer para superar estos dos obstáculos? Tarea por resolver.

Ahora, también hay que señalar que la dirigencia opositora esta desbastada, fracturada y aún más desconectada del Pueblo como opción de poder. Es decir, nuestro Pueblo atraviesa una profunda crisis de dirección. Es allí donde debemos recordar y estudiar la tesis gramsciana sobre el Cesarismo y sus posibles desenlaces.

Ante esta debilidad en el plano subjetivo y esta situación explosiva en la dimensión objetiva, podríamos estar en presencia de un desenlace favorable a las fuerzas reaccionarias al contar con vastos sectores populares frente a nuestra incapacidad para volver a convencer a las grandes mayorías. Es decir, el tema del apoyo de las mayorías es clave para evitar que sea derrocado este Gobierno y se posicione en su lugar una fuerza fascista. Para esto es crucial construir un Programa Mínimo que supere la polarización y que construya grandes consensos entre las corrientes comunistas, socialistas, bolivarianas y patriotas. Luego, este Programa Mínimo nos obliga a retroceder en áreas en donde hemos fracasado y a proteger aquellas donde hemos logrado avances sustantivos. Por ejemplo, hemos fracasado en la construcción de la economía socialista a través del Capitalismo de Estado Rentista, como lo es la estatización de un conjunto de industrias en manos de la burocracia indolente e ineficiente, carente de estímulos y sanciones. Estas industrias paralizadas deben pasar, como primera opción, a manos de los trabajadores, siempre y cuando estos estén organizados y conscientes de la responsabilidad histórica de asumirlas, o en su defecto abrirnos a inversiones mixtas, pero que en definitiva, permitan reactivarlas eficientemente y en muy corto plazo, pero siempre con participación de los Concejos de trabajadores. Si no somos capaces de producir lo esencial para vivir, la propia integración territorial y existencia de la patria está en riesgo. Es echar dos pasos hacia atrás para preservar los elementos esenciales del proyecto Chavista mientras corregimos errores y desarrollamos fuerza organizada para retomar las transformaciones radicales. Entiéndase, por lo tanto, estas medidas en un contexto táctico.

A nuestro juicio, el problema táctico a superar es la crisis económica como consecuencia de nuestra improductividad. Luego, el problema estratégico es que no contamos con las condiciones subjetivas para avanzar hacia el socialismo precisamente porque padecemos de una crisis de dirección, tanto en los cuadros y la organización como en la Teoría de la Transición Socialista para el contexto Venezolano. Alcanzar las condiciones subjetivas, con una política correcta, nos tomara algún tiempo. Luego, es vital mantener la unidad en esta tormenta, y esto lo lograremos en torno al verdadero Legado de Chávez.

Todos hablan de Chávez, que siguen su legado, pero precisarlo, definirlo es vital para conservar la unidad del chavismo. En este sentido decimos que el Legado de Chávez, la esencia del proyecto chavista no se ubica en el plano económico, porque no avanzamos en una estructura económica socialista; Tampoco en el plano cultural puesto que se fortaleció el mundo del consumo no el del trabajo. Más bien ubicamos el legado de Chávez en el Plano Político, y nos referimos a la Democracia Participativa y Protagónica, a la Soberanía Nacional (Tenemos Patria) y la Unión Latinoamericana. Si logramos avanzar en un programa mínimo consolidando estos tres elementos, si garantizamos la defensa de estos postulados políticos, muy especialmente el de la democracia, más temprano que tarde podremos retomar la ofensiva pero hegemonizando nuevamente en las grandes masas.

Claro, en paralelo a todo esto es vital una profunda revisión de las fuerzas orgánicas de la revolución, la corrección de las desviaciones que todos conocemos, para poder pasar a una situación ofensiva nuevamente.

Queda claro que la principal tarea estratégica de los revolucionarios es avanzar en la organización y conciencia del Pueblo, en cada rincón y sector del país para la construcción de una sociedad Socialista. Luego para sostener el Proyecto Chavista en el plano coyuntural planteamos:

·         Profundizar la construcción de la Comunas y el espíritu comunero con respeto a las dinámicas y decisiones locales. Esto exige generar estímulos materiales y morales para este propósito. Por ejemplo, donde haya comuna constituida, se le debe asignar el 50% del presupuesto de inversión de este territorio, tal y como ordena la Ley.
·         Profundizar la democracia a todo nivel. El Pueblo debe sentirse escuchado, reconocido como sujeto social. Debe tener oportunidad de quejarse, de proponer, de señalar errores y formalizar apoyos. Y las decisiones tomadas deben respetarse y ejecutarse.
·         Iniciar un proceso de activación del campo, enfrentando los problemas estructurales del cual padece: delincuencia, financiamiento, comercialización, riego, insumos, vialidad. Para esto se debe crear una comisión conformada por todos los ministerios vinculados a la materia, los voceros de los concejos campesinos y voceros del parlamento de las comunas agrícolas, dirigido por el Ministro de Agricultura, que en un plazo de 1 meses consolide un diagnostico pormenorizado, georeferenciado y con prioridades, de los problemas del campo y el impacto de cada uno de ellos.
·         Reactivar los planes de industrialización realizados así como facilitar los trámites y el financiamiento del aparato industrial, con arreglo a las prioridades establecidas en los planes ya concebidos.
·         Concentrar las divisas del país en la compra de alimentos esenciales de difícil producción, la compra de insumos esenciales para la industria, la construcción y el campo, y garantizar los insumos médicos para el Pueblo. Para lograr esto debemos reducir o dejar de pagar la deuda externa, lo que implica auditarla y refinanciar lo que podamos refinanciar y desconocer aquella deuda ilegal que adquirimos.
·         Salirse a la brevedad de todos los tratados de no doble tributación, especialmente de aquellos realizados con países imperialistas.
·         Aumentar los impuestos progresivos (Al lujo, ISLR, etc.) y disminuir los impuestos regresivos (IVA)
·         Fomentar una revisión autocrítica y radical de las organizaciones de la revolución, así como subordinar al Estado a estas organizaciones reorganizadas y revisadas.
·         Iniciar una lucha sin cuartel contra la corrupción, con sanciones ejemplarizantes. No podemos seguir viendo en cargos clave e impunemente a los responsables de esta crisis.
·         Reducir drásticamente el nivel de inseguridad a través de una depuración radical de los organismos de seguridad y justicia, el desarrollo de políticas preventivas y el uso directo de la fuerza pública sobre las bandas delictivas.
·         Cambiar la línea comunicacional. Lo más importante es decir la verdad, la difícil realidad a la que nos enfrentamos, los errores que hemos cometido y las medidas que hemos tomado, los retos que se nos avecinan y las dudas que tengamos. Es así como nuestro Pueblo adquirirá conciencia de la realidad y reconocerá en sus líderes, las personas honestas, humildes y adecuadas para conducir el proceso.
·         Arrancar una campaña de divulgación de que es el socialismo, la justeza de su planteamiento y como los errores cometidos no son parte del Socialismo sino de desviaciones propias del capitalismo.

Para lograr esto necesitamos plasmar a detalles estas ideas en un Programa Mínimo que se le presente al país y que permita abrir un debate nacional que lo legitime.

He aquí, las tareas urgentes de esta coyuntura, prestas a ampliarse o sintetizarse en la medida que el debate lo exija.

domingo, 21 de febrero de 2016

Síntesis de la Coyuntura y el Programa Mínimo que Urge Aplicar



Por: Sergio Sánchez

Resulta un lugar común afirmar que Venezuela atraviesa una crisis profunda y sería redundar tratar de demostrarla en este artículo, por lo cual ahorraremos letras y tiempo al interesado lector. Pero si es necesario iniciar por las conclusiones apenas obvias que generan esta crisis, para así tratar de construir una propuesta, por demás inacabada y seguramente polémica, de un conjunto de medidas a corto plazo que nos permitan reducir el nivel de confrontación interno que crece a velocidades casi inalcanzables y que a su vez sirvan de faro, de brújula científica y esperanzadora para salir de este atolladero en el cual cayo la patria.

Lo primero que debemos afirmar como una verdad de Perogrullo, es que colapsó el modelo de economía rentista, y nos atrevemos a afirmar, hilando un poco más fino, que también fracasó el Capitalismo de Estado Rentista, aquel mediante el cual el Estado posee la propiedad de los medios de producción y una burocracia, alejada de la participación democrática, toma decisiones libres de consecuencias, muchas veces centralizadas en Caracas, sin importar costos humanos, materiales, culturales y morales, todo porque el rentismo nos permitía hacerlo mal y seguir así pues había renta.

Lo segundo que debemos aceptar es que toda esta crisis económica, la cual tuvo repercusiones directas en los resultados del 6D, ha evidenciado una profunda crisis en la dirección del Proceso, en todos los niveles y en todos los estamentos. Pero no se trata solo de una crisis en los dirigentes, la visión del momento, el programa mínimo y la táctica para esta coyuntura, se trata también de una crisis en el modelo de dirección que se ha construido en la revolución, en sus métodos y formas. Más aún, independientemente de la gravedad de la crisis económica, es capital que aceptemos que, aún en la peor de las crisis económica, si existe un Pueblo organizado con una dirección clara en objetivos, férreamente unificada, con plena legitimidad en las masas y con un programa para la crisis oportuno y bien comprendido por el Pueblo, se puede salir triunfante de esta. Es decir, para nosotros, el problema principal no es el económico sino el político.

En estas circunstancias los diferentes niveles de dirección se evidencian contradictorios, ausentes, como si no hubiese ocurrido el 6D. Algunos, incluso, pretendiendo seguir dirigiendo como antes del 6D, sin debate, sin autocrítica, con sectarismo y calificando de contrarrevolucionarios o traidores a quienes plantean los cambios que debemos hacer en el marco de las 3R. La soberbia y la arrogancia del viejo estado resultaron más fuertes de lo que pudimos haber creído. Sin embargo, a pesar del riesgo de ser catalogado de traidor y como ya no nos queda otra alternativa ni tenemos tiempo para postergar las transformaciones, proponemos seis dimensiones de actuación urgente para tratar de evitar un estallido social que aprovechará la derecha para consolidar una conclusión en nuestro Pueblo: “Maduro no puede seguir Gobernando” y peor aún “El proyecto Chavista Fracasó”. Es precisamente para evitar este escenario que debemos actuar ya.

1.       La tarea más importante hoy de todos los patriotas es producir alimentos: Podría quedar la patria sin luz, sin sistema de salud o de educación, cerrarse los tribunales y las iglesias, pero no podemos existir como nación, integrada territorialmente, sino somos capaces de producir, y muy especialmente de producir comida. Toda la humanidad, solidaridad y espíritu comunal desaparecen en cualquier sociedad que no tenga comida y reine el “sálvese quien pueda”. Este escenario hay que evitarlo, para lo cual hay que activar todos los espacios productivos posibles, tanto desde el estado como desde el poder popular y MUY especialmente, desde el partido.  
2.       Lucha ejemplarizante contra la corrupción, la ineficiencia, el sectarismo y el burocratismo: Aun produciendo rápidamente no lograremos resolver el problema económico en pocos meses. Necesitaremos varios años para estabilizarnos sino suben los precios del petróleo. Por lo tanto, las direcciones del estado y del partido no pueden estar cuestionadas por el Pueblo en su moral o en sus prácticas. Mucho menos pueden, elementos de las direcciones en esta coyuntura, insistir en el sectarismo. Este proceso no aguanta una división más. Tenemos que sumar todo lo susceptible a ser sumado por lo cual debemos ampliar el universo del programa. Hoy no se trata de radicalizarnos hacia el socialismo sino de levantar las banderas de un programa mínimo de liberación nacional con perspectiva socialista. Para eso debemos sumar, hasta a las personas que votan por propuestas de derecha pero que son patriotas y quieren un país soberano y solidario. No podemos admitir más ineficiencia por lo que debemos colocar en los cargos claves solo a quienes lo sepan hacer bien, así nos caigan mal.
3.       Desmantelamiento del hampa Organizada: Existen suficientes pruebas de que buena parte del hampa organizada está actuando políticamente articulada con sectores de la derecha extrema venezolana, contra la revolución, contra el aparato productivo y contra el Pueblo. Estas bandas organizadas con financiamiento de la derecha, de no ser controladas ya, se convertirán en el elemento de paramilitarización de la sociedad Venezolana. Tratarán de emular en Venezuela lo realizado sobre la Unión Patriótica Colombiana. Sobre todo medítese esto frente a un escenario, no deseado, de pérdida de la Presidencia de la República.
4.       Unidad de los revolucionarios en torno al Poder Popular: Debemos lograr un gran acuerdo entre todas las fuerzas revolucionarias alrededor de la defensa del programa social y político del Chavismo. Defender las conquistas sociales defendibles (porque no todas son defendibles, especialmente cuando retrogradan la conciencia,) pero sobre todo, la defensa de la democracia participativa y protagónica, aún incipiente, de las comunas, del Poder Popular. Todos los funcionarios públicos que asuman esta línea y lo pongan en práctica serán defendidos, pero quienes no lo hagan, deberán ser cuestionados y confrontados. No puede haber solidaridad automática con quienes torpedean el Poder Popular. Este debe ser el punto de honor ante cualquier alianza circunstancial como las que está planteando el ejecutivo en estos momentos con el sector privado.
5.       Restructuración del PSUV  hasta sus bases, separándolo del Estado: He aquí uno de los mayores errores históricos cometidos por la Revolución Bolivariana, subordinar el partido al Estado. Esta decisión catastrófica eliminó la capacidad de control político de la gestión pública del ejecutivo en todos los niveles. Quienes planteamos en el primer y segundo Congreso del PSUV que esto era un error y que el Estado era quien debía subordinarse al partido y que quienes ocupaban cargos en el estado no podían ocuparlo en el partido, se nos calificó de “Chavismo sin Chávez”. Hoy es apenas obvio que teníamos razón. Es urgente, por tanto, que se restructuren todas las instancias del PSUV. No puede estar una dirección nacional en manos de los ministros, una dirección regional en manos de los directores estadales y una dirección municipal en manos de los directores de una alcaldía. Los Jefes de CLP y de UBCh no pueden ser directores del poder Municipal. Si se asumen cargos en el partido, se deben separar de los cargos del Poder Ejecutivo, para que surta efecto el papel clave de control político sobre la gestión.
6.       Construcción de las alianzas internacionales de los Pueblos: Hasta ahora las relaciones internacionales las ha llevado la revolución desde la Cancillería. Son relaciones entre Estados. Sin embargo, las relaciones entre las organizaciones del proceso venezolano y las organizaciones en lucha en el resto del continente son escasas.  De presentarse el escenario de perdida de la Presidencia de la Republica, serán vitales estas relaciones internacionales entre Pueblos. Así que las fuerzas revolucionarias y el PSUV deben activar autónomamente del estado, una política internacional.

Todas estas propuestas deben entenderse entrelazadas y simbióticamente, como un sistema temporal que nos hará acumular fuerza para poder pasar de esta situación defensiva en la cual nos encontramos a una situación ofensiva. Así, por ejemplo, producir alimentos pasa por apresar a los corruptos que no han hecho su trabajo en esta área, construir sistemas eficientes de distribución, liberar zonas agrícolas tomadas por el hampa, ejercer una práctica política de participación y transparencia del proceso productivo para evitar la pérdida de recursos y asumir el partido un papel de vanguardia en esta tarea. Por lo tanto, no se puede tomar solo algunas de estas medidas dejando otras por fuera porque no se obtendrá el efecto deseado.

Estamos aún a tiempo de aplicar el Golpe de Timón con estas seis dimensiones de actuación. No sigamos perdiendo tiempo en la toma de decisiones clave. Arranquemos ya con las sanciones ejemplarizantes que suban la moral y que permitan echarle la gasolina necesaria a los motores que queremos arrancar.